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La historia y la oportunidad: es ahora o nunca

El presidente Mauricio Macri tiene la oportunidad histórica de pasar a la posteridad como el promotor de la justicia contra la corrupción del kirchnerismo. Y no debe dejarla pasar.

15 de enero de 2016 a las 12:05 a. m.
Javier Alejandro Rodríguez / Profesor de Historia
La historia y la oportunidad: es ahora o nunca

La historia contemporánea nos ha dado nume­rosos ejemplos de actos de estricta justicia, todos ellos encaminados a poner las cosas en su lugar. Porque la justicia es eso: dar a cada uno lo que le corresponde, no otra cosa. Sin embargo, tras esta simple definición se esconde un requerimiento fundamental: para hacer justicia desde el poder, hay que tener consenso, y este aparece cuando se legitima la voluntad popular.El nuevo año y el nuevo Gobierno le deparan a la Argentina la oportunidad –porque están dados los consensos– de hacer justicia por el saqueo perpetrado durante los últimos años en el país.Todo indica que el llamado "modelo nacional y popular" fue un verdadero saqueo al Estado en todos sus estados de agregación. Esto hay que decirlo, porque el Estado es uno, sólo que se nos presenta jurídicamente en tres diferentes estados de agregación: municipal, provincial y nacional.Pues bien, en muchos de los que gobernó el kirchnerismo parece que hubo verdaderos actos de rapiña, saqueos a la propiedad estatal y vaciamiento de cuentas públicas que dejaron a estas flacas, cuando no raquíticas.

Momentos clave

Cuando Raúl Alfonsín promovió el enjuiciamiento de las juntas militares lo hizo porque tuvo la oportunidad, dada por el consenso que le proporcionó la legitimidad y el apoyo popular del momento.

Cuando el consenso está y la legitimidad es indiscutible, hay que aprovechar la oportunidad, porque a veces esta no se repite. Ni Chile ni España aprovecharon la oportunidad de enjuiciar a los perpetradores de las violaciones a los derechos humanos del pinochetismo y del franquismo, respectivamente, pero Argentina sí lo hizo y ahora debe hacerlo con el saqueo, cuyas características deben ser dadas a conocer a la población.

Cuando se produjo la apertura política en Europa del Este y cayó el comunismo en la Unión Soviética, a comienzos de la década de 1990, no sólo se democratizaron muchos países que habían caído bajo las garras de la hoz y el martillo, sino que también se hizo justicia aprovechando la oportunidad.

En el imaginario colectivo, está el recuerdo del “padre de la democracia”, como le llamamos a Raúl Alfonsín por haber hecho una ruptura con el pasado militar promoviendo la justicia hacia quienes violaron los derechos humanos con la represión estatal, aunque durante su gobierno hayamos vivido la peor inflación de nuestra historia.

Contra la corrupción

Pero nuestro país también desperdició grandes oportunidades de hacer justicia en el pasado siglo 20. No hubo procesados ni condenados por la masacre de Plaza de Mayo de 1955; tampoco por la masacre de Ezeiza de 1973.

No hemos visto tras las rejas a la expresidenta María Es­tela Martínez de Perón, quien envejece plácidamente en España, y los líderes de Montoneros Mario Firmenich y Roberto Perdía también pasan sus almanaques en libertad como si nada hubieran hecho en sus vidas, dedicadas en buena parte al crimen político.

Por eso, no podemos desperdiciar otra vez una oportunidad­ histórica: la de poner tras las rejas a los responsables del saqueo al Estado, en todas aquellas jurisdicciones donde gober­nó el Frente para la Victoria.

Parece que aquel “Vamos por todo” en realidad escondía un propósito: apoderarse de los recursos estatales.

Si la actual administración no promueve la persecución penal y la Justicia no detiene y procesa a los responsables del vaciamiento, habremos desperdiciado la oportunidad. Si Italia hizo su proceso de manos limpias y Brasil pudo con la corrupción de Fernando Collor de Mello, también podemos nosotros.

El presidente Mauricio Macri tiene la oportunidad histórica de pasar a la posteridad como el promotor de la justicia contra la corrupción del kirchnerismo. Y no debe dejarla pasar.