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La estrategia de sentirse víctima

El recurso es tan obvio y repetido que se diluye en su propia inutilidad, pero la cúpula del poder lo sigue usando. Carlos Sacchetto.

04 de julio de 2010 a las 12:01 a. m.
Carlos Sacchetto (corresponsalía Buenos Aires)
La estrategia de sentirse víctima

El recurso es tan obvio y repetido que se diluye en su propia inutilidad. Pero la cúpula del poder lo sigue usando y acaba de liberar nuevamente los fantasmas de una supuesta acción destituyente para que sobrevuelen amenazantes entre Olivos y la Casa Rosada.

Es una manera de enfrentar la adversidad negar la pérdida de hegemonía de su pensamiento vertical y en simultáneo motivar por la vía del temor a sus más fanatizados seguidores. Ocurre cada vez que las batallas políticas que libra el kirchnerismo terminan en derrotas, como sucedió la semana que pasó en el Congreso con los impactantes logros conseguidos por la oposición; o cuando se avizoran futuros traspiés en otros terrenos.

En Diputados, el clima tormentoso dentro del oficialismo ya no puede ocultarse. El martes por la noche, cuando los presidentes de bloques intentaban consensuar ciertas pautas para la sesión del día siguiente, el presidente de la Cámara Eduardo Fellner volvió a insinuar que estaba dispuesto a dejar su cargo. A esa altura, los opositores ya tenían los votos suficientes para negarse a difundir la versión taquigráfica de lo dicho por el ex embajador Sadous sobre los sospechosos negocios con Venezuela -algo que reclamaba la Casa Rosada-, y también contaban con las voluntades necesarias para aprobar la reforma del Consejo de la Magistratura, otro proyecto crucial para el kirchnerismo. "Sabés que van a perder y al costo político lo vas a pagar vos, busquemos una salida", le advirtieron sin éxito sus colegas a Agustín Rossi, jefe de la bancada oficial, un disciplinado cumplidor de las órdenes del matrimonio gobernante.

No fue ese el único episodio de tensión. Varios legisladores oficialistas exhiben, aunque todavía en voz baja, su hartazgo por los ofensivos gritos de fastidio que viajan directo de la Casa Rosada al Congreso cada vez que la oposición logra imponer criterios diferentes al deseo presidencial. Por eso ante la dura intransigencia que sigue mostrando el kirchnerismo parlamentario, no es menor la fuerte revalorización que del acuerdo como herramienta para cambiar la realidad han hecho Oscar Aguad por la UCR, Elisa Carrió por la Coalición Cívica, Felipe Solá por el Peronismo Federal y Federico Pinedo por el PRO. A ellos hay que sumar la voluntad del socialismo y la del propio Pino Solanas, aunque éste requiera discutir largamente tema por tema antes de aceptar sumarse a posturas anti-K.

Nuevo tiempo. La sola enumeración de proyectos aprobados o a aprobar que incomodan al oficialismo marca el inicio de lo que puede ser un nuevo tiempo político, más aproximado a los resultados que hace un año arrojaban las urnas. Reforma del Indec, Acceso a la información pública, Facultades delegadas (con modificaciones en las retenciones agropecuarias), Superpoderes y DNU, Consejo de la Magistratura y presidencia de la Comisión de Inteligencia. A esto debe sumarse el polémico proyecto de otorgar el 82% móvil a las jubilaciones mínimas, que acapara casi todos los debates. No es para menos: el planteo lleva no solamente la intención de hacer justicia con una deuda social eterna sino que le quita la iniciativa política al Gobierno y, además, lo "corre por izquierda", gesto que descoloca al progresismo discursivo del kirchnerismo. Por eso suena contradictorio y hasta resulta divertido escuchar a los intelectuales K que se identifican como de izquierda, utilizar argumentos basados en fuentes del liberalismo para afirmar que "no se puede" o que aumentarle a los jubilados es una medida "demagógica".

El país viene creciendo hace siete años a un promedio del 6%, la economía registra indicadores positivos impulsada por un innegable viento a favor, crece la recaudación y el consumo muestra niveles elevados. Si ésto no estuviera ensombrecido por la inflación que va deshilachando los bolsillos, sería un cuadro ideal para cualquier gobierno. Pero también es conocido que los dineros previsionales estatizados de las AFJP han servido y sirven para financiar proyectos diversos, a veces deficitarios y no siempre transparentes. Entonces ¿cómo justificar desde la política que los abuelos que hoy reciben $ 895 por mes no pueden pasar a percibir $ 1.230?

No es éste el único contratiempo que deberá enfrentar el Gobierno en los próximos días.

Con la derrota de ayer, también se le cayeron las esperanzas de capitalizar la euforia nacional que hubiese desatado Maradona levantando la Copa Mundial en el balcón de la Rosada.