La esperada encíclica ecológica del Papa
La gran novedad que impregna todo el texto –y es paradigmática– radica en la concepción de que “todos estamos relacionados, interconectados, todos nos necesitamos unos a otros”.
Desde el Centro de Bioética de la Universidad Católica de Córdoba nos sentimos alentados por el mensaje del papa Francisco y consolidados en nuestra opción –interesada– por la vida de las víctimas. La bioética global –impulsada por Van Potter y que estamos desarrollando– está en sintonía con las propuestas de la encíclica en defensa de la vida de todas las criaturas y de las futuras generaciones.La encíclica "sobre el cuidado de la casa común" (Laudato Si), publicada por el Papa el jueves 18 de junio pasado, se ofrece al mundo en un momento crítico, en el cual el deterioro ambiental global ya no es una amenaza sino una realidad. Está teniendo una enorme repercusión.Es una "invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta" en la que el Papa se dirige "a cada persona que lo habita" y lo hace en modo personal. "Mi llamado", dirá.La gran novedad que impregna todo el texto –y es paradigmática– radica en la concepción de que "todos estamos relacionados, interconectados, todos nos necesitamos unos a otros".Nuestra hermana y madre tierra "clama por los daños que le provocamos con nuestro modo de vivir irresponsable". Y avanza sobre la posición tradicional diciendo: "Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla... Olvidamos que nosotros mismos somos tierra".Para el diagnóstico de la situación se basa en las mejores evidencias científicas, en pensadores y organizaciones sociales, con un recorrido que va desde el cambio climático, la inequidad social escandalosa, a los sistemas de producción, el extractivismo, los riesgos del paradigma tecnocrático, la biotecnología y los transgénicos, incluyendo los riesgos para las relaciones humanas del mundo digital. Denuncia y responsabiliza a los poderosos, a las multinacionales y a los estados cómplices, que enmascaran los problemas reales, sometidos a la economía.La crítica más contundente es al paradigma del progreso y del desarrollo: "Un desarrollo tecnológico y económico que no deja un mundo mejor y una calidad de vida integralmente superior no puede considerarse progreso".Denuncia que los peores efectos los sufren los pobres y no duda en afirmar que son millones, la mayoría de las personas del planeta. La crisis no es sólo ambiental sino socioambiental. Su propuesta es una valiente revolución cultural: ecología integral, que incluya todas las dimensiones, humana, cultural y ambiental. De nuevo, San Francisco como modelo: en él son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso social y la paz interior.Se trata de una revolución paradigmática, verdadera "conversión ecológica" ante nuestro actual estilo de vida insostenible: hay que aminorar la marcha, parar la cultura del descarte (humano y de naturaleza), el derroche, el consumo desenfrenado. Ser conscientes de los límites del planeta involucra respeto, sobriedad ("menos es más"), responsabilidad y solidaridad. "Es tanto lo que se puede hacer", y lo demostrará con propuestas que superan las denuncias. Resultan imperdibles las oraciones finales, síntesis del texto desde la sensibilidad del Papa.Las indicaciones van tanto para los estados con recomendaciones precisas –para los empresarios y financistas– como para la vida cotidiana de cada uno de nosotros, a un cambio cultural, educacional y espiritual.Deberemos adoptar incluso un nuevo examen de conciencia, en el que no sólo revisemos la comunión con Dios, con los otros y con uno mismo, sino también con todas las criaturas y la naturaleza. Las dimensiones de una saludable y revolucionaria relacionalidad.
*Directora del Centro de Bioética de la Universidad Católica de Córdoba

