La era del hielo
Buena parte del tejido social se deshilachó. Ahora, es un trabajo de orfebre volver a tejer una urdimbre capaz de contenerlos a todos. Sin duda, el sayo del desánimo colectivo le cabe a la ausencia del Estado, pero también suma la impunidad con la que el poder se blinda.
Aunque parece una eternidad, pasaron sólo un mes y una semana de aquellos días negros en los que los saqueos golpearon bajo la línea de flotación el espíritu de los cordobeses y los hicieron sentir a bordo del Titanic.Los ataques a negocios que esforzados trabajadores levantaron por años provocaron la ruptura de las más elementales normas de convivencia.Buena parte del tejido social se deshilachó. Ahora, es un trabajo de orfebre tomar hilo por hilo para volver a tejer una urdimbre que sea lo suficientemente sólida para volver a contenerlos a todos. Sin duda, el sayo del desánimo colectivo le cabe a la ausencia del Estado, pero también suma su cuota la impunidad con la que el poder se blinda.Hoy, muchos saqueadores están presos, a la espera de un juicio. Y está bien que así sea. Corresponde: lo que hicieron, si se prueba como delito, merece la condena de la ley.En contraposición, más arriba sigue la impunidad. Un viejo juicio por coimas en el Senado termina con absoluciones. Puede ser que esté ajustado a derecho. Pero deja un sabor amargo.El jefe de los recaudadores se va a Brasil, goza de días en el hotel más caro de Río de Janeiro, la reserva la hace un amigo (hay sospechas de "negocios" conjuntos), agreden a periodistas. Y no pasa nada.Las distancias se agrandan. Vaya un ejemplo casi doméstico, pero inquietante. El au toacuartelamiento de los policías provinciales, que fue la causa de los saqueos, abrió una brecha entre los uniformados y los ciudadanos de a pie. En la sociedad hay reproches hacia los policías que, en aras de una demanda salarial, abrieron las calles a la barbarie.Esos mismos policías son vecinos, padres de compañeros de los hijos, conocidos. Pero más allá del nombre propio de cada uno y del grado de participación que pudieron tener en aquellas horas oscuras de diciembre, quedan todos marcados por el mismo estigma: se encerraron y no estuvieron cuando las calles ardían.Es imposible que los que omitieron actuar y los que actuaron en su ausencia queden impunes.Volver a convivir¿Alcanza un código de convivencia, como se plantea el gobernador José Manuel de la Sota, para rescatar una relación quebrada?Es un paso, pero puede no ser suficiente. Si bien todavía no se conocen detalles del plan, uno de los puntos centrales es el control ciudadano de las fuerzas de seguridad. Un primer paso fue restablecer el mando político sobre la fuerza de seguridad por encima de los técnicos.En cambio, nada se ha dicho aún sobre la manera en que este programa de reconciliación impregnará al sistema educativo, uno de los lugares donde más se notó la brecha que abrieron los saqueos.En el territorio político, lo que ocurrió en Córdoba les dejó una lección a los gobernantes. A los del pago chico, que no hay problema menor y que no se puede fugar hacia adelante. Y al kirchnerismo que manda a nivel nacional, le enseñó que no hay provincia insignificante.Enredado en sus propias contradicciones, el Gobierno de Cristina Fernández no quiere que le echen la culpa de nada. Pero tampoco puede permanecer impávido si el interior vuelve a tomar fuego.Está claro que si no hay algún salvataje nacional o la posibilidad de endeudarse, a las provincias el 2014 se les hará cuesta arriba.A los gobernadores, entre ellos De la Sota, los complica la interna del gabinete nacional. Es que habían encontrado una puerta abierta con el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, mientras el chaqueño podía exhibirse como una cara remozada en la administración.Hoy, Capitanich es apenas una caricatura de aquel que prometía tiempos de apertura y de diálogo hasta, incluso, con la prensa. "Creíamos que era (Angela) Merkel, pero va en camino a ser (Silvio) Berlusconi", patentizó un dirigente que lo conoce de la época de gobernador.En definitiva, para las provincias y distintos sectores de poder resulta difícil encarar una negociación con funcionarios cuya capacidad de resolución es poquísimo más que nula.CuentagotasCon todo, quedan abiertas las esperanzas para las provincias de ir logrando pequeños arreglos individuales, para que no parezcan un triunfo corporativo de los gobernadores, que pueda condicionar al Gobierno.La idea K es, dentro de sus limitaciones, mostrarse permeable a ofrecer ayuda y, en caso de que los gobernadores no logren enderezar el barco, que la mirada social se pose sobre ellos. La lógica del cristinismo se limita a ver cómo llega lo mejor posible al 2015, año del recambio presidencial. Y si llega con algo de viento de cola, entonces revisar quién puede ser el mejor candidato.Mirado hacia adentro, los problemas de la Policía (escándalo por el narcotráfico y acuartelamiento) y los saqueos golpearon a De la Sota.Sus reacciones fueron tres:Cambió de gabinete y se rearmó con un equipo más cerca de la realidad política y territorial.Se puso al frente del gobierno para gerenciarlo en persona.Decidió incluir en la agenda cuestiones sociales, como el Código de Convivencia y la lucha contra el alcoholismo en los jóvenes.Para él, nada volverá a ser como en los dos primeros años de gestión, cuando alimentaba el sueño de ser candidato para 2015. Ahora le quedan dos años para recuperar la iniciativa política.El microscopio socialLos focos de la sociedad están puestos con distinta intensidad sobre cada uno de los ciclos políticos que se viven en la Presidencia, la Gobernación de la Provincia y la Municipalidad de Córdoba.La ausencia pública de Cristina Fernández profundiza una incertidumbre que nace de un incipiente malestar económico (la inflación es el factor detonante). "Quizá las vacaciones aflojen un poco este malestar, pero es obvio que hay un alto contraste entre su omnipresencia anterior y su silencio actual", sostiene un consultor de opinión pública.En la gestión de De la Sota, la seguridad y la salud pública aparecen como asuntos vertebrales en la consideración social. Ya no queda margen para acciones que no sean efectivas.Finalmente, en la administración municipal la expectativa se pone sobre los servicios básicos: transporte, cloacas, luz, residuos, semáforos, todo debe funcionar.Como se advierte, las demandas sociales son concretas y profundas. Está claro que para cualquiera de los gobernantes el camino hacia 2015 está más congelado que las Cataratas del Niágara.

