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La degradación imparable del país

Debido al proceso de degradación social, en muchos barrios marginales comienza a desvanecerse el sentido de familia y quedan niñas, niños, jóvenes, ancianas y ancianos como los más desprotegidos.

06 de julio de 2022 a las 12:01 a. m.
Luis Esterlizi
La degradación imparable del país
Pobreza, uno de los grandes problemas del país.

La degradación imparable –generada por la decadencia de la clase política– avanza como un cáncer que invade a toda la sociedad mediante sus secuelas, como son la pobreza extrema, la delincuencia, la drogadicción, la ignorancia e incultura impuestas, la venalidad, la corrupción, etcétera.

Ya casi no quedan regiones de nuestro extenso territorio que no sufran los embates de estas terribles circunstancias, más aún cuando no existen –por incapacidad política, ética y moral de los partidos– los acuerdos políticos, sectoriales, económicos y sociales para enfrentarlas.

Hoy nada ni nadie aparece con la suficiente templanza, fortaleza y visión estratégica como para producir –pasando por encima de tanta impudicia– el estallido de la esperanza olvidada y la pasión legada por nuestros dignos antepasados, señalando el camino que nos libere definitivamente de esta decadencia.

El escenario institucional muestra a un Estado desestructurado por la acción deliberada de sus tres poderes que –concentrando todo el poder de decisión– hacen caso omiso del papel esencial que tiene el pueblo en la democracia y del poderoso colectivo social que conforman sus entidades intermedias.

Mientras tanto –al no existir un proyecto de Nación–, cada gobernante o funcionario hace lo que le parece, lo que les imponen determinadas circunstancias o respondiendo a los efectos y presiones sociales, sin enfrentar las causas reales que generan los estigmas que padecemos. De todo ello, lo más desgraciado es la expansión descontrolada de dichas secuelas, como el persistente deterioro de la clase media al ser acorralada por la desocupación, la pobreza y la desesperación.

Sucesos que marcan tragedias

Las adversas e infrahumanas condiciones de vida que afectan a miles de ciudadanos –quienes se hallan prácticamente a la intemperie, en ambientes deprimentes, sin servicios, sin vestimenta apropiada, sin comida– confirma la ausencia total de políticas públicas eficaces que pongan fin a este martirio y a la nefasta continuidad de subsidios que simbolizan la ausencia de la justicia social.

Debido al proceso de degradación social, en muchos barrios marginales comienza a desvanecerse el sentido de familia y quedan niños, jóvenes y ancianos como los más desprotegidos.

En estos días, los cordobeses fuimos conmovidos por la tragedia que sucedió a muy corta distancia de los despachos gubernamentales y a pocas cuadras del centro cordobés, cuando se produjo un incendio en un conjunto de viviendas muy precarias, lo cual ocasionó la muerte de un joven de 16 años que trabajaba como limpiavidrios.

Esta degradación y sus estigmas también generan, como un subproducto de su persistencia lesiva, una previsible delincuencia juvenil que se expande por barrios, pueblos y ciudades con un crecimiento exponencial, sin que los gobiernos atinen a solucionarla, a no ser con una mayor represión. Para terminar definitivamente con esta penosa realidad, sólo existe el recurso de extirpar las causas que la originan.

Sociedad desestructurada

Quienes pregonamos la recuperación del funcionamiento armónico y equilibrado de las distintas fuerzas y sectores que integran la comunidad nacional creemos que es la única posibilidad de conformar un verdadero y genuino poder democrático, porque de esa forma la sociedad organizada conseguiría comprometerse con la realización de las políticas públicas que necesita.

Pero al resentirse el espíritu de familia, nuestra sociedad pasó a comportarse como disgregada en estamentos estancos y deja sólo a la clase política el poder de decisión, con lamentables resultados, ya que a pesar de muchas frustraciones, no se vislumbran cambios significativos en dicho régimen.

Días atrás, el exministro de Hacienda de la Nación Hernán Lacunza aseguró que “la herencia de 2023 será mucho peor que la de 2015″. O sea, veníamos muy mal y ahora nos irá mucho peor.

La dirigencia, privilegios y defecciones

El modelo de gobernanza actual se apoya sólo en los partidos que quedaron con el privilegio de ser únicos vehículos receptores del voto de la ciudadanía, los que aplican sus propias decisiones e imponen sus candidatos. Los demás sectores organizados de la sociedad no pueden participar en la definición de las políticas de Estado ni en sus realizaciones.

Además, el modelo ha deshumanizado a los gobiernos, que avanzan con sus obras majestuosas, quizá muchas de ellas necesarias, pero que no podrán ser gozadas por millones de argentinos que viven de manera indigna y frente a un futuro de espanto.

Hoy la realidad golpea a los dirigentes políticos con toda la vergüenza que ello significa; aunque, por vivir en una burbuja tan impenetrable, parecen no sentir en carne propia el dolor y el sufrimiento que ocasiona esta crisis terminal.

* Exministro de Obras Públicas de la Provincia, entre 1973 y 1974