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La corrupción como telón

Si Cristina Fernández decide ir por la reelección, no habrá internas y la acompañará un peronismo más unido. Carlos Sacchetto.

05 de diciembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Carlos Sacchetto ([email protected] )
La corrupción como telón

Hasta ahora, poco, muy poco de lo que revelan los cables enviados por la embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires al Departamento de Estado de ese país llega a sorprender. Aunque todavía falta que se conozcan muchos de esos despachos, puede decirse que la tormenta mundial con huracanes que provocaron las filtraciones obtenidas por el sitio WikiLeaks sólo llegó a la Argentina como un viento fuerte. Es más intenso el debate sobre el hecho en sí de las filtraciones y el inesperado traslado al ámbito público de rutinarias conversaciones privadas, que el de los efectos que podrían ocasionar los contenidos. A tono con eso, el Gobierno nacional y su red de medios adictos han decidido guardar silencio sobre lo más importante e ignorar, por ejemplo, las sospechas que surgen de ciertos movimientos financieros internacionales del ex presidente Néstor Kirchner y su "círculo íntimo", que fueron reportados por la embajadora norteamericana Vilma Martínez. Más allá de las opiniones informales sobre y entre los habitantes del poder, en la Argentina es la corrupción la que se visualiza como verdadero telón de fondo. Claro que para eso no era necesaria una operación mundial. Bastaba con darse una vuelta por Tribunales y revisar los expedientes de las causas judiciales que involucran al ex secretario de Transporte Ricardo Jaime (foto), quien sigue sumando procesamientos. Lo que hizo WikiLeaks, y el Gobierno celebra, es desplazar temporariamente el "caso Jaime" a segundo plano. También aquí falta que se conozcan centenares de e-mails recuperados por la Justicia y en los que se detallan modalidades, diálogos y vinculaciones de quienes al parecer protagonizaron y quienes consintieron las maniobras corruptas que se investigan. "¿Jaime… Jaime cuánto? No lo conocemos", fue la pretendidamente divertida respuesta de un ministro al ser consultado sobre cómo repercute en el Gobierno el escándalo de los correos de Manuel Vázquez, asesor del ex funcionario. "A Ricardo no sólo le soltaron la mano, ya ni le atienden el teléfono", admitió un dirigente cordobés amigo de Jaime, quien lo comparó con María Julia Alsogaray, solitaria expiadora de la corrupción menemista. "Al lado de Jaime, ella fue una carmelita descalza", dicen quienes siguen las causas judiciales. Hay que pasar el verano. Con esa realidad amenazante en el horizonte, el Gobierno busca el mejor posicionamiento, a la espera de las definiciones que vendrán tras el verano. Otros modos, en apariencia más conciliadores, forman parte del nuevo libreto que todos se empeñan en cumplir. Es que ahora la Presidenta, sin su referente político, duda como cualquiera en la vida. Y dudar la hace más racional, más equilibrada. Entusiasmados por este escenario, que además reflejan las encuestas de imagen, en la Casa Rosada ya han dispuesto "hacer dormir" la reglamentación de la ley de Reforma Política en lo que atañe a las elecciones primarias del 14 de agosto del año próximo. Si Cristina Fernández decide ir por la reelección, no habrá internas y la acompañará un peronismo mucho más unido que el que hoy existe. En público y en privado, lo dicen varias de las más importantes figuras del PJ Federal.Para la UCR, en cambio, la ausencia de compulsa electoral interna es equivalente a la falta de aire para respirar, y por eso reclama en la Justicia. Ricardo Alfonsín ya lanzó su precandidatura presidencial al amparo de las encuestas que lo señalan como el dirigente opositor que más creció en popularidad luego de la muerte de Néstor Kirchner. Pero en el radicalismo hay otras expectativas, alentadas por Ernesto Sanz y Julio Cobos, respectivamente. El primero, con signo positivo, porque hay sectores de la sociedad que le ven un perfil de dirigente necesario para establecer equilibrios de poder. El segundo, con signo negativo, porque ya no lo ven como candidato. Hoy, Cobos está entrampado en su propia realidad y cada vez son más los radicales que sospechan que la carrera política del vicepresidente de la Nación está tocando a su fin. El ser o no ser, en política, no depende sólo de la propia voluntad sino también de las circunstancias. Y como eso vale para todos, la Presidenta no es una excepción. Para ella, las circunstancias cambiaron drásticamente con la muerte de su esposo. En algunos despachos de la Casa Rosada aseguran que los fines de semana son un calvario sin paz. El vacío que provoca la ausencia y el dolor de la pérdida deriva en llantos y en momentos de depresión. En esas condiciones, Cristina debe afrontar decisiones enormes.