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La comunidad nacional debe asumir su propio liderazgo

Los que pretenden ser la continuidad democrática deambulan por el país detrás de componendas, demostrando la carencia de una visión estratégica, ya que su mirada no se extiende mucho más allá de 2015. 

01 de septiembre de 2014 a las 12:02 a. m.
Luis Esterlizi*
La comunidad nacional debe asumir su propio liderazgo

Mientras la crisis avanza con inflación, recesión, desempleo, incertidumbres y desesperanzas, partidos políticos y diferentes entidades sociales y sectoriales se movilizan detrás de posiciones e intereses particulares de dirigentes e instituciones, dentro de un proceso eleccionario que no logra salir del modelo arcaico que se repite desde hace más de 30 años. La sociedad toda se encuentra huérfana de actitudes que trasciendan el simple juego electoral de un régimen democrático signado por la "lucha" que plantea el oficialismo nacional contra los fondos buitre y el de una oposición que se opone a todo lo que de él provenga, como si fuesen las únicas variables para posicionar candidatos o buscar alianzas que les permitan, en 2015, ser los herederos de los restos de un país sin rumbo cierto.Los problemas estructurales no resueltos y la crisis de deuda que de nuevo acosan a los argentinos son el peso de plomo que, descargado sobre las espaldas de los que trabajan y producen en el país, conforma la parte más dramática del dilema nacional. Porque el perfil de consumo y el de producción, así como el proyecto de país que nos debemos los argentinos, han terminado siendo los trastos tirados en el tacho de la indolencia y la degradación institucional.Los que pretenden ser la continuidad democrática deambulan por el país detrás de componendas y alianzas, demostrando la carencia de una visión estratégica, ya que su mirada no se extiende mucho más allá de 2015. Mientras tanto, día a día demuestran la falta de grandeza y responsabilidad social para generar un espacio de auténtico diálogo que convoque a la ciudadanía y permita consensuar mínimamente aquellos puntos de referencia que sirvan para abordar la coyuntura y establecer un plan de mediano y largo plazo para el país. Los sectores organizados deben pasar de la protesta a la propuesta. Frente al lamentable escenario político-institucional, distintas manifestaciones y expresiones sociales han comenzado por aparecer como revalidando el derecho de participar en la toma de decisiones e implementación de las políticas públicas, tratando de que los gobiernos comprendan que nada es posible sin el protagonismo de los pueblos. Desde las propuestas mediáticas hasta el esbozo de los ejes estratégicos de un proyecto nacional, van impulsando a los distintos sectores organizados a asumir la misión que los trascienda frente al destino del país y la solución integral de los problemas existentes.Mucho se ha hablado de la complementación entre el sector público y el privado, pero por el momento dichas experiencias no han traspasado el límite de lo que supone el interés de ambos, casi siempre comprometido con alguna particularidad.La mayoría de ellas es originada, por una parte, ante la falta de recursos para determinada obra pública –ya que impuestos y burocracia han superado cualquier guarismo– y, por la otra, debido a la necesidad de conseguir alguna prebenda por parte de determinadas empresas privadas. No escapa a ello la alternativa de utilizar el " lobbysmo " como la forma de birlar la esencia de un régimen democrático.Las instituciones deben recuperar la esencialidad que las distingue. Partiendo de la independencia de los poderes constitucionales, como el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, prosiguiendo con las responsabilidades específicas de los sectores partidarios, de la producción y el trabajo, como así también las de entidades profesionales, vecinales, comerciales y toda otra de carácter social, es necesario recuperar una democracia que permita al pueblo participar en las decisiones fundamentales.Es falsa la concepción de que sólo se puede hacer política desde los partidos políticos. El hombre, por naturaleza, es un ser político, ya que desde su concepción está llamado a ser el eje de cualquier actividad social que garantice la legitimidad democrática del espacio donde vive, estudia o trabaja o produce.

La organización vence al tiempo

Para participar, hay que organizarse según la misión y la responsabilidad que le atañe en la tarea de consolidar una comunidad organizada capaz de protagonizar el sentido y la complejidad de su futuro.

Se debe superar la democracia de elite que permite que algún líder, corporación o sector por si solo se convierta en el desiderátum de todo. Las elecciones terminan con los votos en las urnas, pero para gobernar se necesita el concurso organizado del pueblo.

Como miembro de una asociación empresarial que representa a cientos de pequeñas y medianas empresas con fuerte arraigo en una zona donde conviven diferentes usos del suelo, hemos cultivado la maravillosa experiencia de entender y extender la responsabilidad social como la mano abierta y solidaria de un sector hacia la comunidad de la que formamos parte.

Tampoco pudimos soslayar los problemas que la circundan, con su secuela de necesidades en infraestructura y servicios, sumados a la violencia y los problemas de seguridad, como así también a las nefastas consecuencias de la acción del narcotráfico. Dicha misión se afianza mediante la consolidación de sus pilares, que son la educación, el trabajo y la producción.

Convencidos de que ese es el camino que dignifica a los hombres y por consiguiente a sus instituciones, estamos observando cómo este desafío se extiende a otros sectores que con la misma inquietud van sumando su impronta con la idea de que el poder sectorial o parcial trasciende sólo si asume el compromiso de trabajar junto con los demás, por el bien general y al servicio de toda la sociedad.

*Miembro del Foro Productivo de la Zona Norte