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La ciudad y la ciudadela

Los principales candidatos a la intendencia de Córdoba conocen el problema más importante de la ciudad, obligada a capitular de sus sueños en las puertas de la ciudadela. Pero de eso no se habla.

23 de agosto de 2015 a las 12:01 a. m.
La ciudad y la ciudadela
(Ilustración de Juan Delfini)

Como si una resignación irreversible se hubiese abatido sobre su orgullo, la ciudad de Córdoba ya no se sueña a sí misma como en tiempos de la restauración democrática. Ha dejado de pensar si imitaría a Barcelona o renegaría de Madrid. Si sus calles podrían disputarle encantos a Cartagena, audacias a Brasilia, matices a Bogotá.Hace ya un largo rato que ha dejado de planearse. Reniega con el bache de la esquina, el desagüe obturado, las calles inseguras. Discute las simpatías de sus hombres públicos o la navaja de sus agresiones, con el fatigado presentimiento de que ya no encontrará nuevas ideas.Los esfuerzos aislados de grupos orientados al planeamiento urbano y organizaciones civiles que promueven un plan de metas para la gestión municipal no deberían llamar a engaño. Los partidos políticos, que al cabo colgarán sus propios cuadros en el Palacio 6 de Julio, parecen haber dejado de asumir esos desafíos.Hubo un tiempo distinto, coinciden los candidatos. Córdoba alguna vez se atrevió a imaginar una ciudad a lo largo de un río, que era entonces el más extenso de sus basurales a cielo abierto. Tras convertirlo en realidad, se propuso construir nodos concentradores de la vida vecinal en las barriadas más populosas. También lo concretó.En ese tránsito, comenzó también a gestarse una ciudadela. Un refugio de guarnición en el corazón de la plaza pública: macizas corporaciones gremiales que impusieron un cerrojo al presupuesto municipal y condiciones de veto al poder del voto.La capacidad de bloqueo fue en aumento. Dos organizaciones sindicales se fortalecieron en la ciudadela. Los empleados municipales premiaron a perpetuidad a su líder, Rubén Daniele, por ese avance ininterrumpido. Los choferes del transporte urbano llevaron al paroxismo su capacidad de acción directa. Según pasaron los años, tanto más sorpresiva y cruenta.La década ganada alumbró un actor adicional, en tiempos en que Hugo Moyano era el teamster preferido de Néstor Kirchner: el sindicato de recolectores de residuos, asesorado por el conjuez y candidato al Congreso Nacional, Ricardo Moreno. Un sobreviviente del Frente para la Victoria, de las épocas en que el progresismo local besaba el anillo de Ricardo Jaime.Los principales candidatos a la intendencia de Córdoba conocen este, el principal problema de la ciudad obligada a capitular sus sueños en las puertas de la ciudadela. Pero de eso no se habla.El silencio se nutre de los compromisos dirigenciales con el pasado. Ramón Mestre puede hablar como candidato, pero aún debe gestionar como intendente. Toda referencia a la presión gremial puede derivar en conflicto, en el tramo más sensible de la campaña.Dos exintendentes que compiten con él podrían aludir a los obstáculos: Luis Juez y Daniel Giacomino. Cada uno, en el turno de la sociedad política que ofrecieron al electorado, debieron pedalear el submarino. Otros dos referentes de la discusión municipal podrían auxiliar el debate. Tanto Esteban Dómina como Olga Riutort conocen la tomografía del poder comunal y acaso no difieran tanto en el diagnóstico. Pero tampoco la marea que viene de ahí alcanza a mojar los pies de los caciques sindicales.A Riutort, Giacomino le recordó con un video en su cuenta de Twitter el descarnado análisis que hizo de la cooptación partidaria del presupuesto municipal, en tiempos de la gestión Juez.En tanto, y como era previsible, el candidato Tomás Méndez ha elegido el camino de un discurso imprecatorio. En el mejor de los casos, encontrará al final, en el presupuesto municipal, la veta subsidiaria que le proveyó la siempre prestigiosa Casa de Trejo, para financiar maniobras al filo de la extorsión. En el peor, habrá conseguido, durante la campaña, que la Justicia vaya girando a archivo numerosas acusaciones en su contra.Esa amnistía, tanto como la caja inexplicada de sus recursos, llevaron a Riutort y el kirchnerismo a asignarle a la candidatura de Méndez el carácter de impostura. Pergeñada, según afirman, en los laboratorios de fechorías del Centro Cívico cordobés. Sombras Los tiros al Gobierno provincial por acuerdos presuntos para impulsar candidaturas de bloqueo tendrán siempre algún principio de credibilidad, en tanto y en cuanto se perpetúen las reticencias a transparentar los recursos usados para proselitismo. De la Sota no pareció urgido, en sus declaraciones posteriores a las primarias, por la obligación de explicar el costo de su segunda exploración presidencial; por el contrario, dejó en claro su vocación por continuar la expedición en breve, tras los primeros pasos del próximo inquilino de la Casa Rosada.Por apresurada que resulte esa proyección, le sirve al Centro Cívico para caminar los meses de transición hasta diciembre generando oportunas sombras chinas. Pero en menos de cuatro meses, asumirá Juan Schiaretti y de la innovación en las metas y los equipos del gobierno dependerá toda la salud del relevo, tras 16 años de poder ininterrumpido del PJ provincial.En el medio, el país decidirá su destino y esa misma estructura deberá adaptarse al nuevo escenario nacional. El principal frente de tormenta de la próxima gestión provincial será otra vez una economía indómita.Dos vectores se enfrentan, directo hacia la colisión. La economía real, con una brecha cercana al 70 por ciento entre la cotización oficial y la informal del dólar, y la política económica de la Presidenta, obsesionada con limitar el margen de maniobra de su sucesor. Todas las provincias obtuvieron, ante la inminencia de la garúa finita, un paraguas generoso en la refinanciación a largo plazo de sus deudas con la Nación. Córdoba quedó excluida. Unos 12 mil millones de pesos les cobró a todos los cordobeses la obcecación vindicativa de Cristina.