La casa en el árbol
El sueño infantil de construir un túnel o una casa en un árbol -un escondite, en definitiva- ha tenido múltiples manifestaciones en la literatura universal. Ángel Stival.
El sueño infantil de construir un túnel o una casa en un árbol -un escondite, en definitiva- ha tenido múltiples manifestaciones en la literatura universal.
Una de ellas, quizá las más conocida por aquí, es la de El barón rampante , protagonista de una historia imaginada por Ítalo Calvino, cuyas andanzas sobre los árboles ponen en evidencia, entre otras cosas, la depredación de que han sido objeto los bosques desde los tiempos napoleónicos hasta ahora. Es que el barón rampante se paseaba por todas las comarcas del norte italiano sin tocar nunca el suelo, luego de un irrenunciable acto de rebeldía familiar. Esa hazaña sería hoy imposible... por falta de árboles.
Life on the treehouse (La vida en la casa del árbol) es el nombre de un álbum que el trío español Marlango (la cantante Leonor Watling, el pianista y guitarrista Alejandro Pelayo y el trompetista Oscar Ybarra) presenta por estos días en la ciudad de Buenos Aires. "Tiene que ver con esa pregunta clásica que se les hace a los niños -cuenta Watling- sobre qué quieren ser cuando sean grandes. Cuando hablábamos de la obra, nos dimos cuenta de que la respuesta nunca es \'quiero tener una Ferrari\', sino \'quiero tener una casa en un árbol\'". Es decir, quiero tener el tiempo, el espacio, la libertad.
El mismo tema, pero en una situación más escabrosa, describe la sudafricana Nadine Gordimer (n. 1923), Premio Nobel de Literatura 1991, en Un invitado de honor , una de sus novelas. El episodio relata el encuentro de un esposo ausente con el amante de su mujer, que está sentado bajo una higuera inmensa en algún lugar de África. Reflexivo, dirigiéndose al amante de su esposa dice: "Ese maravilloso árbol suyo es ideal para construir una casita. No creo que me resistiera a hacerlo, aunque no tuviera ningún niño. Construiría para mí un pequeño refugio, con luz eléctrica, y después de trepar a él, retiraría la escala".
Aún hoy, en África, no son pocos los que viven en los árboles (o en un caño o en una casa de lata o bajo un puente) porque no tienen vivienda, ni luz, ni agua. Y Sudáfrica, el menos africano de los países de África, no puede renegar, en muchas cosas, de ese estigma.

