“Kubernesis” y moralidad política
Hagamos memoria en estos días importantes, recuperemos la identidad y dejémonos inspirar por los grandes de ayer y de hoy.
Una persona sin memoria es una persona sin identidad; un pueblo sin memoria es un pueblo sin cultura, sin historia, sin futuro. Pero si la memoria sólo recoge ofensas y heridas, la identidad y la cultura plasmarán un pueblo depresivo y resentido. Qué grato es escuchar en los labios del papa Francisco los versos del Martín Fierro sobre la unidad de los hermanos para invitar a la paz. Qué bueno sería recordar también, con la misma emoción y atención, que San Juan Pablo II, el grande, visitó nuestro país dos veces y en la segunda, en abril de 1987, nos habló incluso desde la Casa Rosada.En tiempos de veda electoral –que son tiempos de meditación para la elección libre y responsable–, deberíamos pedir para los futuros gobernantes, como el joven rey Salomón, el don de la sabiduría para servir al bien común; o el carisma de la kubernesis , o de la buena administración de la cosa pública, del que nos habla San Pablo en la carta a los corintios.Necesitamos pedirlo como argentinos, que hemos recibido tanto de Dios y que parece no sabemos administrar en procura de una vida digna y plena para todos.Es bueno, además de pedir, recordar que la política "es un arte difícil y nobilísimo", como nos decía Juan Pablo II en esa oportunidad. Nos enseñaba que esta dignidad del quehacer político se pone de relieve por sí sola; que basta considerar su finalidad propia, esto es, servir al hombre y a la comunidad, y promover sin cesar sus derechos y legítimas aspiraciones. Y, dando un paso más, nos recordaba que de aquí se sigue la preeminencia de los valores morales y de la dimensión ética, que ha de ser salvaguardada pese a las contingencias del obrar humano o de los intereses contrapuestos.Nos decía Juan Pablo II que entre las condiciones que configuran el bien común de la sociedad civil, corresponde al Estado prestar una particular atención a la moralidad pública, a través de oportunas disposiciones legislativas, administrativas y judiciales que aseguren un ambiente social de respeto de las normas éticas.Es esta una tarea urgente en la sociedad contemporánea, pues se ve afectada por una grave crisis de valores que afecta a la vida personal y a la misma sociedad. Esto implica una decidida opción por la verdad y la justicia en la libertad, lo cual ha de reflejarse en los instrumentos institucionales y legales que ordenan la vida ciudadana.Desde su experiencia, testimoniaba que sabemos muy bien que un deterioro progresivo de la moralidad pública crea peligros más o menos latentes contra los derechos y libertades del hombre, incluso contra la seguridad ciudadana. Además, pone en entredicho importantes valores de la educación y de la cultura común y, en definitiva, debilita los ideales que dan cohesión y sentido a la vida nacional.Hagamos memoria, recuperemos la identidad y dejémonos inspirar por los grandes de ayer y de hoy. Como decía una sobrina mía en estos días, despidiendo a su papá: "Porque los generosos nunca dejan de dar. Los cariñosos nunca dejan de abrazar. Los piadosos, desde arriba, nunca dejan de acompañar. Porque lo sabios nunca dejan de iluminar. Porque los grandes nunca dejan de inspirar".
* Obispo católico, miembro del Comipaz

