Kirchnerismo en pie de guerra
Lo que pareció un derrape, se convirtió en la columna del discurso kirchnerista de la “resistencia”: Macri es la reencarnación de Jorge Rafael Videla.
Los únicos que no podían acusar de crueles asesinos a los "bastardos sin gloria" eran sus víctimas. Muchos otros tenían autoridad moral para denunciar la crueldad criminal de los vengadores que comandaba Brad Pitt en la película de Quentin Tarantino. Los que no podían reprocharles nada eran los nazis, a quienes castigaban por sus crímenes atroces. En otra dimensión (la incruenta pero atribulada dimensión de la política argentina) al kirchnerismo le ocurre algo similar. Resulta absurdo que, justamente desde esa fuerza, le reprochen inflación, devaluación y autoritarismo al gobierno que asumió hace apenas un puñado de días.Argentina lleva muchos años pisando los talones, en materia de inflación y estancamiento, a las economías hiperinflacionarias de Irán y Venezuela. También en los otros ítems el kirchnerismo ha marcado récords.Sin embargo, patalea como si no tuviera el oscuro prontuario que está a la vista de todos, aunque no lo vea la feligresía obnubilada que se puso histérica por la cantidad de dictadura, inflación, devaluación y pobreza "que produjo Macri" en tan poquitos días.No fue una buena señal el nombramiento de dos jueces de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Tampoco la intervención de la Afsca a puro prepo. Como mínimo, debió informarse antes a la sociedad por qué el Gobierno considera institucionalmente correcto haberle regalado a Martín Sabbatella un escenario para victimizarse y para protagonizar el rol de "la resistencia", en una pose menos heroica que patética.La buena señal fue que no hubo un coro de ángeles como el que tuvieron siempre Néstor Kirchner y su esposa en la intelectualidad y el periodismo militantes.Ellos podían cometer errores graves, dejar huellas visibles en grandes casos de corrupción, avasallar instituciones, hacerse adular promoviendo el culto personalista y tomar medidas recontra autoritarias, que la legión propia de intelectuales y periodistas los alabarían, denostarían con saña a quienes los criticaran o, como mínimo, guardarían silencio cómplice.En ese aspecto, es visible un cambio de era. El gobierno de Macri no tiene coro de ángeles si recurre a la prepotencia y toma decisiones de discutible institucionalidad.La gran mayoría de los intelectuales y periodistas que fueron duros cuestionadores de Cristina, reaccionaron de inmediato contra las medidas altaneras, o de dudosa pureza institucional. Y esas críticas sí tienen legitimidad, porque se encuadran de modo coherente con lo que sostuvieron durante los últimos años, cuando criticar los hacía blancos de linchamientos de imagen pública y descalificaciones personales que constituían una modalidad de censura: la censura por amedrentamiento. Tea Party criollo "Este modelo no cierra sin represión", dijo, sin ruborizarse, Mariano Recalde, como si dijera una verdad científicamente comprobada, cuando lo que estaba diciendo era una bobada descomunal. Se refería a la protesta en Cresta Roja, empresa que llevaba años en caída libre y entró en agonía terminal hace varios meses, cuando Venezuela dejó de pagarle lo que le debe.Los noticieros mostraron al inefable Sergio Berni descolgándose de helicópteros, para conducir las embestidas policiales contra los empleados que cortaban la Riccheri obstruyendo el funcionamiento de Ezeiza, pero para Recalde, al asumir Macri colapsó Cresta Roja y sus obreros empezaron a recibir palos.En rigor, es combustible para encender la "resistencia", que fue proclamada antes de que Macri asumiera la presidencia. Y eso implica levantarse, no contra un gobierno que todavía no existe, sino contra la decisión de las urnas.Superaron el récord del Tea Party en materia de sabotaje a la decisión popular. El kirchnerismo es la versión populista del movimiento ultraconservador creado por los extremistas Ryan Hecker, Marco Rubio y Rand Paul no bien el escrutinio dio por ganador a Barack Obama en Estados Unidos.A pocos meses de asumir el primer presidente afroamericano, el Tea Party llamó a la rebelión en repudio a la Ley de Reinversión y Recuperación de Estados Unidos. A semejante desmesura sólo podían cometerla embriagados por el "Contrato con América" que escribió Newt Gingrich en la década de 1990 y tan convencidos de que el Estado le pertenece a la minoría Wasp (sigla en inglés de blanco, anglosajón y protestante), que ven al mandatario demócrata como un impostor al que hay que echar de cualquier modo.De manera delirante, el ala derecha del Partido Republicano hablaba como si a la recesión la hubiera causado Obama en dos meses, en lugar de esa patota de extremistas que había encabezado George W. Bush.Sonaba absurdo. Pero toda posición ideológica y fóbica cuenta con feligresía fanática dispuesta a creer tales relatos y a ponerse en pie de guerra.En esta columna se ha considerado siempre a Macri el portador de un discurso insustancial, pero que se lo equipare con Hitler y con la dictadura genocida es, indudablemente, ridículo.Lo que al principio pareció un derrape accidental, resultó ser la parte medular del discurso kirchnerista de la "resistencia": Macri es la restauración de la dictadura de Rafael Videla y la política económica que lleva adelante Alfonso Prat Gay es la continuación de la de José Alfredo Martínez de Hoz.Ni siquiera tuvo esa ínfima paciencia del Tea Party, que esperó dos meses para lanzarse a la yugular de Obama, acusándolo de llevar Estados Unidos hacia el comunismo. Una acusación tan descomunalmente estúpida que terminó marginándolos, aunque conservaron una gran gravitación sobre el Partido Republicano.¿Podrá su versión criolla y populista retener una gravitación similar sobre el PJ? ¿Habrá un peronismo poseído por la delirante resistencia a la dictadura y a Martínez de Hoz? ¿O hará su propio exorcismo?

