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Jugando con el enemigo

Los tiempos y los ingredientes son distintos. Pero los procesos nacionales tienen ese "olor común" que transmite la globalidad. Ángel Stival.

20 de junio de 2010 a las 12:01 a. m.
Ángel Stival (Periodista, [email protected])
Jugando con el enemigo

Es conocida la historia de la final de la Copa del Mundo de Rugby de 1995, utilizada en forma magistral por Nelson Mandela para fortalecer la unidad y la democracia de la nación sudafricana.

Ahora el Mundial de fútbol está en su apogeo y los argentinos ya nos sentimos "expertos en Sudáfrica". Quien lo es de verdad es John Carlin, autor de El factor humano . El libro fue la base del guión de Invictus , una película dirigida por Clint Eastwood y en la que Morgan Freeman encarnó a Mandela.

La película comienza con la imagen de una comitiva que transita por una carretera con fuerte custodia. A uno de los lados, los blancos dejan de practicar rugby para acercarse a un tejido protector y observar el paso de la caravana donde va Mandela. En la otra banda, chicos negros abandonan su "picado" de fútbol en un potrero y se acercan a su líder. El fútbol era cosa de negros y el rugby, de blancos. El libro y la película describen cómo hizo Mandela para que, al final, ambos festejaran unidos.

El diario Pretoria News publicó un artículo de Carlin bajo el título: "La Copa del Mundo puede ayudar a adormecer el tedioso fantasma del racismo". Cuenta que sus colegas le preguntan si el Mundial de fútbol producirá el mismo efecto que el de rugby. Y su respuesta es: "Categóricamente, no". "Primero, porque Sudáfrica es muy diferente de lo que era en 1995. Segundo, porque la unidad y la cura del racismo no es la cuestión principal. Lo realmente peligroso es, hoy, que las tensiones ya no son entre negros y blancos, sino entre negros".

Más adelante, Carlin dice: "(En 1995) la democracia tenía un año de edad. Era frágil y estaba amenazada por los blancos que temían ser marginados, excluidos y maltratados por la mayoría negra, como ellos la habían maltratado tres siglos y medio. En 2010, Sudáfrica es una robusta democracia. El gobierno no impresiona con su competencia ni con su moralidad, pero nadie ya cuestiona su legitimidad".