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Juan Facundo Tobares, una cuestión de género

¿Estará mal que piense que debe ser declarado ciudadano ilustre para que su actitud ante la vida de ejemplo a las nuevas generaciones? Pedro León Almeida.

04 de junio de 2010 a las 12:01 a. m.
Pedro León Almeida (Sociólogo)
Juan Facundo Tobares, una cuestión de género

Ha muerto Juan Facundo Tobares. La muerte ha sido piadosa con él y no ha prolongado su agonía. Dicen que es un héroe. Ha muerto un hombre. Vayan pues mi homenaje y mi reconocimiento.

Si he querido encarar esta muerte como una cuestión de género es porque desde hace un tiempo todos los planteos de género se refieren a la Mujer. Y que escriba Mujer con mayúscula no es porque sí. Creo que toda mujer es con mayúscula. Y cada hombre también.

En la justa campaña de reivindicación y reconocimiento de la Mujer, algo hizo aparecer un sesgo por el cual parece que la mujer tiene un enemigo natural: el varón.

Peor aún, la imagen que se propugna del varón es la del autoritario, prepotente, egoísta, violento, golpeador, violador, irresponsable.

No voy a ser tan ingenuo como para negar que, en muchos casos, se dan esas circunstancias y que, evidentemente, la mujer es la que sufre las consecuencias de esas lamentables desviaciones.

Pero no todo es así. La mayor parte de los varones cumple ese mandato que los hace responsables de su condición. De ese principio de nuestra cultura que afirma que la fuerza física no da derechos, sino que crea obligaciones.

A muchos, la vida les depara una larga tarea, se echan la familia sobre sus hombros, se olvidan de sí mismos, se niegan a reconocer la fatiga, se permiten muy pocas compensaciones y ven llegar la vejez junto a su mujer, apoyando a los hijos en su búsqueda de realización.

Esos no se notan. Acompañados de sus mujeres, cumplen un proyecto de vida silencioso, responsable y cargado de generosidad y abnegación.

A otros, como Juan Facundo Tobares, la vida los pone en una encrucijada total. Y cuando llega ese momento, no hay especulación. No hay cálculo, no hay egoísmo, no hay límites.

En ese caso, las personas se portan según el mandato de la humanidad, sea en masculino o en femenino.

Con sus 23 años, Juan Facundo Tobares sabía lo que tenía que hacer. No dudó en hacerlo. Como varón, no tenía alternativa. Es el mandato.

Entró en las llamas, sacó a uno; entró en las llamas, sacó al segundo; entró en las llamas y sacó al tercero.

Con el 90 por cierto de su cuerpo quemado, sólo cuando pudo entregar su hijo a los médicos se permitió el lujo de desmayarse.

Mi madre hubiera dicho: !Eso es un hombre!

¿Está mal que me sienta orgulloso de lo que hizo otro varón, otro padre, otro hombre?

¿Está mal que lo proponga como ejemplo y diga, como mi madre, ¡eso es un Hombre!?

¿Estará mal que piense que Juan Facundo Tobares debe ser declarado ciudadano ilustre, para que su actitud ante la vida sirva de ejemplo a las nuevas generaciones?