Jo, en primera persona
Columna de Enrique Orschanski.
Mi nombre es José, pero me dicen Jo. Esta es el aula donde vengo a aprender. Somos 38 en cuarto grado, contándome a mí. Creo que mi maestra es buenísima, pero se cansa rápido. Cada vez que entro a clase, sacude la cabeza. Hoy pidió volver a hablar con mis papás porque "ya no sabe qué hacer". Para mí, exagera.Me siento en la última fila. Como no veo el pizarrón, me paro para preguntarles a los chicos y al final me la paso caminando; así nunca termino de copiar. La maestra me pide que esté quieto, que preste atención. Yo le presto, pero ¿a cambio de qué?Este es un dibujo de mi familia: papá, mamá, mi hermana. Este puntito de abajo soy yo; lo agregué al final, con mi firma: Jo. Tengo letra rara, retorcida, especialmente cuando me olvido de tomar la pastilla para aprender. Me molestan los renglones.En los recreos, corro, salto o empujo a los chicos. Es que ellos juegan, se ríen, pero no me hablan. A veces les pego, para que por lo menos alguno me mire.Esta es mi casa.–Hola, Jo, ¿te mandaron otra nota?Esa es mamá. Así me saluda cada vez que vuelvo del cole.–¿Comiste?Mi mamá se preocupa por todo: por la comida, la particular, la psicopedagoga, las notas. Ahora está planchando, viendo la novela y hablando por teléfono. Antes me ayudaba con la tarea, pero se ponía nerviosa y terminaba gritando.Los jueves toma el té con sus amigas. Comen y hablan todas juntas a los gritos. Como me aturdo, empiezo a correr por la casa. Mamá enseguida dice "¡Basta, hartante!" y me manda al cuarto. Todas piensan que tengo problemas... Si por lo menos pudiera explicarles.–Hola, hinchapelotas.Es mi hermana Julia; tiene 12 años, es peleadora y agrandada. Me dice hinchapelotas, pero cariñosamente. Como nuestra casa es chica, compartimos el cuarto. Creo que por eso peleamos tanto. Para mí, ella es la que siempre la empieza.Papá no está; los martes hace horas extras. Dice que necesita más plata para pagar mis "gastos". Ya le dije que si dejo la psicopedagoga y las pastillas, podríamos ahorrar, pero él no habla conmigo de estas cosas. Ni de otras cosas.Cuando llega temprano, se tira en el sillón y pone el partido. Le encanta el fútbol. El que se mira, no el que se juega. A mí me gustaría patear penales con él, pero siempre está cansado. Si yo no fuera inquieto, papá estaría mejor, y tendría ganas de jugar.Los domingos vamos a casa de los abuelos, los padres de mamá. Comemos asado. Después, papá duerme la siesta y mamá mira un programa de televisión con sorteos. Cada domingo sueña con ganar un auto o una casa. Hasta ahora, no ganó nada.Julia siempre está con una amiga. Yo no las molesto, aunque igual mi abuelo me reta. A él tampoco le gusta hablar.Antes de volver a casa, llega el mejor momento de la semana. Mi abuela termina de lavar los platos y vamos a la sala. Elige un libro y nos sentamos en el sillón grande. Mientras se acomoda los lentes, tose un poquito para aclarar la voz. Cuando empieza a leer, yo apoyo la cabeza en su brazo y me quedo quieto. Sí, quieto.Ella me mira sobre los lentes y sonríe. .......................................................Numerosos niños son diagnosticados y tratados por síndrome de déficit atencional con hiperactividad, cuando apenas el dos por ciento reúne los síntomas básicos: dificultad para mantener la atención, exceso de movimiento e impulsividad. La evidencia muestra que la mayoría de estos inquietos o movedizos son chicos con carencias en sus vínculos o con una temprana sensación de vivir desprotegidos.

