La industrialización es un proyecto político del país
Con el gobierno de Néstor Kirchner, se inició un proceso de recuperación industrial fuerte e ininterrumpido, que sigue ahora consolidándose. Jorge Argüello.
La Argentina de los granos y las vacas sigue con nosotros, produciendo y dando lo mejor de sí en volúmenes y con muy buenos precios. Pero no en solitario, como en otras épocas, sino acompañando la mano de la industria. En 2003, con el gobierno de Néstor Kirchner, se inició un proceso de recuperación industrial fuerte e ininterrumpido, que sigue consolidándose ahora, incluso en un escenario internacional que aún es complejo y que presenta importantes desafíos.Esta recuperación industrial, y con mucha fuerza la del complejo agroindustrial, hace a la esencia misma del cambio de paradigma que se iniciara en 2003.Nadie discute ya que una sociedad más justa, con igualdad de oportunidades y movilidad social, sólo es posible con una industria nacional fuerte y competitiva, que ofrezca a los argentinos más y mejor trabajo.Hoy, la industria es el doble de la que había cuando Kirchner asumió la presidencia de la Nación, pero además presenta cambios estructurales significativos.Desde 2003, por ejemplo, se triplicaron las exportaciones industriales, aumentó la productividad laboral en un 50 por ciento, con una suba del empleo del 71 por ciento, y creció la participación de los productos de media y alta tecnología en las exportaciones del 20 al 24 por ciento. Este cambio tiene su armonía. Toda la exportación argentina del sector agropecuario y agroindustrial tiene un grado calculado de 22,8 por ciento de industrialización, y para 2020 se pretende elevar esa cifra al 40 por ciento, lo que, agregado a un aumento de producción esperable (de 150 millones de toneladas a 157 millones de toneladas) llevaría el saldo exportable de 40 mil millones de dólares a 100 mil millones de dólares, estimó el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (Inti). Contra tantas presunciones en contrario, es bueno decir que todo eso no hubiera sido posible si la tasa de inversión en la Argentina no hubiera crecido de manera tan sostenida, de 14,3 por ciento del producto interno bruto (PIB) a casi el 24 por ciento, entre 2003 y 2011.Puntualmente, desde 2003 la industria ha crecido en promedio alrededor del nuevo por ciento anual y las exportaciones industriales –que hablan por sí solas de la calidad del desarrollo económico de un país– subieron en promedio el 17 por ciento anual.Como era de esperar, la participación de la industria en el PIB respecto de la década de 1990 también aumentó, pasando del 2,2 por ciento en esa década a 6,6 por ciento en el período 2003-2010.Como se ve, a diferencia de lo que ocurrió en el resto de Latinoamérica, en la Argentina no se observó un crecimiento en la participación de los productos primarios dentro de la canasta exportadora, o "reprimarización".Por el contrario, las manufacturas, y en menor medida los servicios, ganaron participación en las ventas externas a lo largo de la década.Avanzar con el proceso de industrialización de la Argentina, en sentido contrario de la primarización de aquel antiguo "granero del mundo" –tan cómodo para algunas potencias económicas de antaño– ha sido, y es ahora más que nunca, un proyecto político que toda la sociedad aprecia día a día en términos de trabajo y consumo, eso mismo que en el agitado mundo de hoy tanto comienza a escasear.* Embajador de la Argentina en los Estados Unidos

