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Los industriales se suben al trende la victoria

Junto con el dato de que salvo algún imponderable nada pone en riesgo la reelección de Cristina, en otros sectores crece la inquietud por los excesos que se cometen al amparo del 14 de agosto. Carlos Sacchetto.

04 de septiembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Carlos Sacchetto ([email protected])
Los industriales se suben al trende la victoria

Hace cuatro meses, cuando José Ignacio de Mendiguren asumió como presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), envió un claro mensaje hacia dentro y hacia fuera de su sector: "No somos ni seremos antagonistas de un gobierno, ni de un partido político, ni de los trabajadores, ni de otras organizaciones de la sociedad civil. La UIA no está para confrontar, sino para construir". Aquel discurso, que definió de manera oportuna e inobjetable la prudencia de los empresarios frente a los desafíos electorales que el país se disponía a enfrentar, aludía también a enemigos por vencer."El subdesarrollo, la desintegración regional, la informalidad, la competencia desleal, la pobreza, las condiciones que no favorezcan la inversión y la pérdida del mercado interno" eran señalados como los principales obstáculos para alcanzar un verdadero desarrollo nacional. Salvo el último de ellos –un mercado interno que se ve fortalecido por el circunstancial aumento del consumo–, nadie puede decir que los demás se revirtieron ni que después de ocho años de kirchnerismo la distribución del ingreso se ha modificado. Lo que conviene. ¿Qué ha sucedido, entonces, en estos cuatro meses para que los industriales se sumen con fervor al discurso gubernamental? Además de la continuidad de la bonanza económica, sucedió nada más y nada menos que un triunfo de Cristina Fernández con más del 50 por ciento de los votos en las elecciones primarias. El sector no tiene dudas acerca de quién ejercerá el poder político los próximos cuatro años y allí ha puesto todas sus fichas. Hoy, como siempre, está claro que el dinero no tiene ideología.De Mendiguren fue el ministro de la Producción de Eduardo Duhalde entre 2002 y 2003, cuando se produjo la devaluación asimétrica que dejó atrás la convertibilidad que establecía el 1 a 1 del peso con el dólar. "Hoy parece otra vez ministro, pero de Cristina", lanzó con sorna un empresario al que, por las trabas a la exportación, no le va tan bien como a muchos de sus colegas, pero que igual asistió el jueves a la cena por el Día de la Industria. "'El Vasco' (por De Mendiguren) estaba exultante; parecía un kirchnerista de la primera hora", agregó.El desembozado alineamiento político de los industriales con el Gobierno reconoce dos muy atendibles razones. Por un lado, los niveles de actividad y crecimiento se sostienen, lo que es fundamental para la continuidad de la producción y un futuro sin sobresaltos. Por otro, el temor a que desde diciembre se profundicen medidas populistas que afecten la rentabilidad y hasta la propiedad de las empresas. "Hacete amigo del juez", aconsejaba el Viejo Vizcacha en el Martín Fierro , porque "siempre es bueno tener palenque ande ir a rascarse". Con ese sector económico decididamente a favor, con los sindicatos igualmente encolumnados y con la tranquilidad que le transmitieron las urnas en las elecciones primarias, la Presidenta tiene el camino más que despejado hacia el 23 de octubre. El interrogante ahora es otro: ¿qué nuevos rumbos tomará el Gobierno en el próximo período? Los peligros. Junto con la constatación de que, salvo algún imponderable, nada pone en riesgo la reelección de Cristina, en otros sectores crece la inquietud por los excesos que se cometen desde el oficialismo, al amparo del legítimo triunfo electoral del 14 de agosto. Aquel discurso de la Presidenta apelando a la unidad y a la moderación ha quedado desvirtuado en la semana que pasó por dos hechos que sirven de referencia. Uno es la desproporcionada embestida del ministro del Interior contra periodistas y medios no adictos. El otro, un episodio colateral de la triste historia del asesinato de la joven Candela Rodríguez.Sobre el primero, es evidente que la obsesión del relato kirchnerista dirigido a destruir al periodismo crítico ya no reconoce límites. Ni siquiera los que debería imponer la memoria. La Presidenta, cuando estuvo en la oposición, reclamaba atención de los medios para hacerse oír, porque consideraba que era su derecho en la democracia. Hoy se califica de atentado contra esa misma democracia la publicación de una denuncia o cuestionamiento al Gobierno, desvirtuando lo que es la esencia del periodismo como factor de equilibrio y amplitud.En cuanto al caso Candela, cuando todavía no se conocía su trágico final, un grupo de famosos se reunió para apoyar su búsqueda y pedir respuestas al Estado. Muchos de ellos recibieron duras críticas por parte de simpatizantes del Gobierno. A tal punto que dos de esos actores se indignaron con razón. Ricardo Darín dijo: "Da asco la utilización política que se hace de esto". Y Facundo Arana lo complementó: "¿Desde cuándo pedir respuestas y justicia te pone en la vereda de enfrente de tu gobierno?". Alguien alimenta el fanatismo. O lo permite peligrosamente.