Impúdica colonización de las universidades
En las aulas, se enseña; en los laboratorios, se investiga; en otras partes de los claustros, se define y se administra. Pero nunca se hace política partidista.
Atónitos, estamos presenciando el apoyo explícito de autoridades, profesores, administrativos y estudiantes universitarios, dentro de los ámbitos reservados a sus tareas específicas, a un gobierno y al movimiento político que lo sustenta. Incluso se ha llegado a enviar correspondencia en tal sentido con membrete y aclaración de posición-cargo, en la que figuran la institución (facultad-universidad) y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).Estas personas ignoran olímpicamente que todos los argentinos, con nuestros impuestos, sostenemos sus labores específicas. Algo que muchos hacen muy pero muy bien, pero no les pagamos para que efectúen una utilización bastarda, con fines político-partidistas, mediante la cual sólo consiguen desprestigiar a estas instituciones.En las aulas, se enseña; en los laboratorios, se investiga; en otras partes de los claustros, se define y administra. Pero nunca se hace política partidista.Tristemente, lo que estas personas están haciendo no es nuevo y no hay partido político que pueda tirar la primera piedra. Pero esto no justifica que se siga haciendo, con el agregado de que la agresividad y descalificación de opositores ahora utilizados no tienen precedentes.Notoria diferencia con la actitud republicana con que personalidades de la ciencia y la cultura protestaron contra el golpe nazi-fascista militar de 1943. En ese entonces, pidiendo restaurar la vigencia de la Constitución Nacional y la defensa de la libertad y solidaridad americana, todos los firmantes lo hicieron en su carácter de "ciudadanos", sin exhibir ningún cargo o título. Por supuesto, ello no impidió que todos fueran exonerados.Para calificar lo que estamos presenciando, se puede utilizar la palabra "impudicia" (descaro, desvergüenza) y también "delito". Esta última, en dos de sus acepciones de acuerdo con la Real Academia Española: sorprendente o desproporcionado en su sentido coloquial o inclusive como acción u omisión voluntaria castigada por la ley. La segunda no se aplicaría, pues nuestras leyes no castigan lo que aquí se condena. Y tenemos que lamentar que nuestra cultura cívica tampoco lo haga.
Poco científico
Hay otro aspecto de estas manifestaciones de apoyo político-partidista que merece dura censura, no ya ética sino lógico-científica.
Con liviandad y falta de criterio asombrosas, científicos de reconocido prestigio apoyan las actuales políticas del Gobierno nacional y al mismo tiempo anatematizan –y sacan conclusiones cataclísmicas– las propuestas de la oposición.
Lo han hecho, lo están haciendo, ignorando las bases del pensamiento científico: el racionalismo crítico, que se basa en la imprescindible aplicación del proceso inducción-premisas-deducción.
A las premisas se llega a través de la inducción a partir de lo particular. Una vez establecidas, por deducción se expresan propuestas de leyes generales que a su vez llevan a una aseveración particular.
Nunca se parte de premisas sin justificación, sea teórica o experimental. Y no puede existir análisis racional sin la posibilidad de que la coherencia o falsedad de las premisas sea determinada. Sólo quienes se basan en verdades reveladas o relatos épicos carentes de sustento racional aplican premisas sin esa constatación. La irracionalidad es la base de los fanatismos.
Dicho esto, cabe recalcar un concepto fundamental y fundacional de las disciplinas científicas. La ciencia va en busca de la verdad a sabiendas de que nunca la ha de encontrar. Sólo hallará un premio consuelo: la verosimilitud. Sus conclusiones serán verosímiles. No se podrá comprobar si son verdaderas, pero –y esto vale para lo que aquí se analiza– sí se podrá establecer sin ambigüedades si son erróneas.
Un comentario final. Es importante recordar que la condena de la Iglesia Católica a Galileo fue básicamente una condena a la inducción, una condena al razonamiento.
Sería importante también no olvidar que los postulados y, por ende, las conclusiones de la geometría clásica sólo son válidos para el espacio euclidiano.

