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El impacto emocional de los que comen la canasta básica alimentaria

La autora integra el equipo de psicólogas del Proyecto Czekalinski. Analiza qué pasó con los voluntarios que debieron dejar esa dieta por el riesgo para su salud.

17 de enero de 2020 a las 06:54 p. m.
Liliana Montero*
El impacto emocional de los que comen la canasta básica alimentaria
Claudia Albrecht y Florencia Demarchi, las dos voluntarias que debieron dejar de comer canasta básica por los efectos en su salud. (La Voz)
  • La autora integra el equipo de psicólogas del Proyecto Czekalinski.
  • Analiza qué pasó con los voluntarios que debieron dejar esa dieta por el riesgo para su salud.

Las personas nos constituimos como sujetos biológicos, psicológicos y sociales. Por ende, un proyecto de investigación como Czekalisnki acertadamente definió incorporar la dimensión emocional como variable a considerar.

Si el proyecto Czekalinski es “ciencia que incomoda”, sin lugar a dudas no sólo nos incomoda anoticiarnos de que la canasta básica es insuficiente y deficiente desde el punto de vista alimentario –generando un deterioro en la salud física que obligó a los voluntarios al abandono del proyecto a fin de preservarse– sino que, en paralelo, se produce un profundo impacto emocional. Y debe ser considerado cuando pretendemos comprender lo que le sucede a nuestros conciudadanos que deben subsistir con la llamada canasta básica.

El equipo de psicólogas que conformamos Czekalinski, mediante un abordaje grupal e individual hemos detectado un fuerte impacto emocional en los voluntarios que se sometieron a este consumo, que entendemos se condice con las emociones que las personas más vulnerables y vulneradas de nuestra sociedad padecen cotidianamente cuando deben alimentarse escasa y deficientemente.

Hay una línea de emociones que se repiten en todos los voluntarios, sintetizadas en las palabras "enojo" y "malhumor", que fueron las más utilizadas por ellos para describir lo que sentían. Sin embargo, lo que subyace a ese enojo y malhumor es bronca profunda, es odio, es angustia expresada o silenciada, es resentimiento y es envidia.

Son esas emociones las que se despiertan cuando no se puede acceder a aquello que el cuerpo y la mente necesitan para sostenerse. Esas emociones tan extremas son las que despierta el hambre real, pero también el hambre simbólico, que significa no poder acceder a aquello que se desea y que es accesible para otros.

Investigar y entender esas emociones desde la ciencia debería acercarnos a la comprensión de los padecimientos que viven cotidianamente quienes están inmersos en las pobrezas en nuestro país.

* Exlegisladora, integrante del equipo Czekalinski.