Imágenes del siglo catorce
La censura tiene hoy, como en el pasado, un origen político, aunque reviste ahora mayor gravedad por disfrazarse de legalidad al ser aplicada por jueces. Ricardo Trotti.
Una de las primeras planas más recordadas del periodismo latinoamericano es la del matutino guatemalteco Siglo XXI , que el 25 de mayo de 1993 se publicó bajo la marca Siglo Catorce , sin noticias y en negro, en protesta y desafiando la censura tras el autogolpe de Jorge Serrano Elías.
El membrete de Siglo Catorce, que evoca las postrimerías del oscurantismo medieval, lo podrían haber adoptado El Nacional y el resto de los periódicos venezolanos a los que se les prohibió publicar fotografías e informaciones sobre violencia que pudieran "vulnerar la integridad psíquica y moral de los niños", o las radios y televisiones brasileñas, las que tienen vedado por ley hacer bromas o parodias sobre los candidatos presidenciales (aunque ayer un juez destrabó esa posibilidad).
La censura tiene hoy, como en el pasado, un origen político, aunque reviste ahora mayor gravedad por disfrazarse de legalidad, al ser aplicada por jueces con la intención de satisfacer al gobernante.
La prohibición de publicar imágenes, informaciones y publicidad después de que El Nacional publicara una fotografía de archivo en portada de cadáveres apilados en la morgue de Caracas, para ilustrar una nota sobre inseguridad, fue más una medida política que judicial. Obedeció a criterios de funcionarios y del presidente Hugo Chávez, quienes sostienen que divulgar la violencia evidencia la conspiración de la oposición para degradar el proceso electoral vigente.
Si bien un juez retrotrajo la medida original sobre El Nacional y sólo mantuvo la prohibición sobre las imágenes, tanto para ese diario como para el resto de los medios impresos la decisión no deja de ser grosera, incongruente, desproporcionada e irracional.
Incongruente , porque un juez no puede proteger a los menores sólo por 30 días si el peligro es verdadero, continuo y latente. ¿Significaría que después de las elecciones del 27 de setiembre las imágenes violentas y macabras ya no dañarían a los menores?
Desproporcionada , porque deja a los periódicos, amarillistas o no, al borde de cometer infracciones en forma constante, mediante el manejo de criterios que no deben estar ligados al carácter violento o no de las noticias, sino a la relevancia e interés de los hechos.
Irracional , porque al no estar definidos los estándares de violencia, queda a la arbitrariedad y discrecionalidad de la autoridad interpretar qué es o no correcto y publicable, lo que obliga a los medios a ejercer la autocensura y afecta el derecho del público a saber.
Grosera , porque desconoce el papel de los medios, que muchas veces están obligados a desafiar leyes y criterios éticos con la intención de generar un debate público y provocar la búsqueda de correctivos a los problemas. Una torpeza a la que todavía se enfrenta Tal Cual , un diario muy crítico del gobierno, que no podrá divulgar nada violento por haber expresado su solidaridad con El Nacional .
La gravedad de lo que sucede en Venezuela y Brasil no es la censura directa, sino la previa, la presunción de la autoridad de que pudiera cometerse un delito. Justamente lo que el ser humano viene batallando desde el "siglo catorce", y que logró incorporar en las constituciones modernas que expresamente la prohíben por atentar contra la libertad de pensamiento. ¿Lo sabrán los jueces?

