La humildad de agradecer
Ser agradecido es un signo de auténtica humildad, que debemos recuperar y enseñar a las nuevas generaciones. Agradecer nos hace comprender que necesitamos de Otro y de los otros. Federico Palacios.
Desde sus orígenes, el ser humano experimentó la necesidad de agradecer a la divinidad por los beneficios que recibía, sobre todo los que le permitían subsistir y desarrollarse. Lo hacía a través de sacrificios u ofrendas. Luego, ya con la conciencia de un Dios uno, único y personal, estas expresiones de gratitud cobran nuevas características que potencian la libertad del hombre y elevan su dignidad. En el monoteísmo, Dios se revela personalmente, establece un diálogo de amor con cada hombre y cada mujer. La respuesta a este diálogo nos posibilitará vivenciar la grandeza de nuestra dignidad.En la venida de Jesucristo, la gratitud toma además una dimensión horizontal. La necesidad de ser agradecido con Dios y con los hermanos será directamente proporcional, expresada en el mandamiento de amar a Dios y al prójimo como a uno mismo.Es significativo aquel pasaje del Evangelio en el que Jesús encuentra a 10 leprosos (Lucas 17, 11-19) que le gritan que tenga compasión de ellos. "Al verlos, Jesús les dijo: 'Vayan a presentarse a los sacerdotes'. Y en el camino quedaron purificados" (Lucas 17, 14).Jesús no tiene ningún gesto especial para sanar a esos enfermos; sólo los envía a cumplir con el rito final que establecía la ley mosaica para corroborar la sanación de un enfermo. Mientras iban de camino, quedaron purificados. Pero sólo uno pudo escuchar que su corazón lo movía a retornar a aquel hombre que le había devuelto su salud física. Era gratitud. Comenzó a alabar a Dios en voz alta, porque ya no podía ocultarse más (los leprosos vivían recluidos). La alabanza agradecida pudo más que el rito que debía cumplir.Al encontrarse de nuevo con Jesús, se arrojó a sus pies y le dio gracias. Curiosamente, este hombre era de la región de Samaria (por eso estaba excluido de la religión oficial). "Jesús le dijo: '¿Cómo, no quedaron purificados los 10? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?" (Lucas 17, 18). Este hombre retornó con el corazón rebosante de amor, gozo y paz, frutos del Espíritu Santo. No sólo fue restaurada su salud física, sino también su dignidad de hijo de Dios.Ser agradecido es un signo de auténtica humildad, que debemos recuperar y enseñar a las nuevas generaciones. Agradecer nos hace ver que no dependemos de nosotros mismos, sino que necesitamos de Otro y de los otros.El papa Benedicto XVI, al reflexionar sobre el salmo 110, nos decía: "... el salmo nos invita al final a descubrir todo lo bueno que el Señor nos da cada día. Nosotros vemos más fácilmente los aspectos negativos de nuestra vida. El salmo nos invita a ver también lo positivo, los muchos dones que recibimos, y así encontrar la gratitud, pues sólo un corazón agradecido puede celebrar dignamente la liturgia de la acción de gracias, la Eucaristía". Conviene recordar que uno de los términos que se utilizan para conmemorar la Cena del Señor es precisamente " Eucaristía ", término griego que significa "acción de gracias".Como representantes del Comipaz, al cumplir 14 años, no podemos dejar de expresar nuestra gratitud al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Con nuestro empeño por la paz, somos portadores de una promesa, que es antorcha que ilumina a Córdoba y al mundo.Esta promesa, que ya cumplió varios milenios, fue dirigida a Abraham, un simple campesino itinerante: "... por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra" (Génesis 12, 3).Te damos gracias, Señor, no abandones la obra de tus manos.

