Debate. Humanizar la IA desde un sindicalismo tecnologizado: los jóvenes marcaron el camino

Los nativos digitales representan la mayor resistencia al discurso corporativo sobre la IA, cuando esta aparece desconectada de la realidad social. Y abren el debate sobre el papel del sindicalismo en la construcción humana de la tecnología.

02 de julio de 2026 a las 05:40 p. m.
Gustavo Rossi
Humanizar la IA desde un sindicalismo tecnologizado: los jóvenes marcaron el camino
La integración entre robótica, inteligencia artificial y sistemas inteligentes impulsa una nueva etapa industrial donde la ingeniería vuelve a ocupar un rol central.

El asombro y la velocidad con que se nos presentó la inteligencia artificial (IA) imponían, como tendencia, que la dirigencia ingresara en un estado de inmovilismo, al punto de limitarse a aceptar una realidad que parecía imposible de modificar. Era un tren de alta velocidad al que uno se subía como podía o era arrollado, quedaba sin trabajo y fuera del sistema.

Desde el sindicalismo, entendimos que a la tecnología no se le hacen asambleas ni paros. Pero también comprendimos la necesidad de participar desde lo social en esta nueva era de la IA, que todo lo trastroca y cuyo libreto parecía estar escrito únicamente por los grandes actores tecnológicos.

En medio del desafío de agudizar el ingenio y de readaptar el discurso en defensa de derechos laborales que quedaban en el aire junto con puestos de trabajo que desaparecían, surgió una sana rebeldía entre los jóvenes, que vino a colocar el primer ladrillo en la construcción social de este nuevo ciclo de la IA.

Una posición inteligente

Los más jóvenes no rechazan la IA, pero sí la forma en que se la presenta. Entre promesas grandilocuentes y temores reales, el desafío pasa por construir confianza en el futuro y no por reforzar las incertidumbres.

La periodista Martina Rua contaba en una de sus notas: "El 15 de mayo, el estadio de la Universidad de Arizona estaba lleno. Miles de estudiantes con sus togas de graduación esperaban el discurso de uno de los hombres más influyentes del mundo tecnológico: Eric Schmidt, ex CEO de Google y exdirector del Consejo de Inteligencia Artificial del Pentágono. Schmidt subió al escenario y habló de sus años de estudiante, de la catedral del conocimiento que cada generación construye sobre los hombros de la anterior, y la audiencia lo escuchaba. Entonces llegó el momento en que pronunció las dos palabras: inteligencia artificial. El abucheo fue inmediato, colectivo y sostenido. Cada vez que Schmidt volvía al tema, los decibeles subían. Recurrió a una frase que él mismo había pronunciado décadas atrás: 'Cuando alguien te ofrece un asiento en el cohete, no preguntás cuál asiento. Simplemente te subís'. El estadio respondió con el abucheo más fuerte de la noche".

La experiencia comenzó a repetirse en múltiples encuentros de jóvenes. El fenómeno se instaló como tendencia y llevó a distintas encuestadoras a analizarlo, lo que dejó al descubierto que los nativos digitales representan la mayor resistencia al discurso corporativo sobre la IA, cuando este aparece desconectado de la realidad social.

Aquí cobra actualidad la reflexión de Rav Kook cuando afirmaba: "Las nuevas generaciones son portadoras de una luz nueva que obliga a las generaciones anteriores a reinterpretar el mundo".

Realidad por modelar

La IA no es un destino en sí mismo: es una nueva realidad que debemos moldear, mediante una combinación de tecnología con valores y sensibilidad humana.

La IA cuenta con una herramienta esencial para funcionar: los algoritmos. "Esos algoritmos emiten veredictos sobre quiénes somos antes de que hayamos tenido la oportunidad de demostrarlo nosotros mismos", advertía Carissa Véliz, profesora del Instituto de Ética en Inteligencia Artificial de la Universidad de Oxford y asesora de los gobiernos del Reino Unido y España.

Carissa Véliz interpela al público en sus conferencias a salir de vivir hipnotizados por los escenarios futuros y desarrollar el juicio sobre lo que está pasando ahora: “La intuición entrenada, la lectura del contexto y la capacidad de leer una sala son habilidades que ningún modelo puede reemplazar, precisamente porque requieren estar presente" y no encerrar toda acción desde una lógica algorítmica.

Lo que mueve a las personas no son las profecías autocumplidas, sino la posibilidad de ser parte del cambio. Necesitamos que nos muestren que hay un lugar para nosotros en el diseño de lo que viene. Y allí vuelve a jugar un papel trascendente, si sabemos leer los tiempos, un sindicalismo capaz de democratizar los algoritmos en el espacio de la creatividad, de la relación humana y de los vínculos sociales que dan sustento a la tecnología.

Esa es la reacción institucional más positiva y madura que el mundo del trabajo está esperando de un sector que históricamente marcó el fiel de la balanza en materia de justicia social

Se trata de empoderar nuevamente al trabajador como parte indispensable de la nueva lógica laboral tecnologizada, ampliar desde los sindicatos el paradigma tradicional de representación y asumir también el rol de "arquitectos sociales", para revertir la linealidad de un libreto que, en la era de la IA, parece escrito exclusivamente por los tecnólogos, lo que desdibuja el sentido humanitario en una relación entre humanos.

El sindicalismo del siglo 20 representó a trabajadores y cumplió su rol. El sindicalismo del siglo 21 deberá representar a trabajadores y, además, participar en el diseño social de las tecnologías que condicionan su vida.

Secretario General de la Unión de Empleados de la Construcción y los Peajes del Interior (UDI)