Temas del día:

Hipopresidencialismo argentino

La figura del presidente de la Nación, tan importante en el sistema político argentino, se ha visto desgastada y relativizada por las tensiones internas de la actual alianza gobernante.

27 de julio de 2022 a las 12:01 a. m.
Jorge Orgaz
Hipopresidencialismo argentino
Alberto Fernández

Uno de los principales objetivos de la Reforma Constitucional argentina de 1994 fue atenuar el fuerte régimen presidencialista ideado por Juan Bautista Alberdi en sus célebres Bases. Este entendía que la organización del nuevo Estado, precedida de décadas de sangrientos desencuentros entre unitarios y federales, requería de un Poder Ejecutivo vigoroso que encaminara su rumbo político en adelante.

Sucede que las numerosas competencias que atribuía a ese poder en diversas áreas del gobierno el texto histórico de la Constitución Nacional determinaron su hegemonía, en simultáneo con una correlativa retracción del Congreso en la conducción de los destinos del país. Ello provocó un hondo desequilibrio institucional que animó al politólogo Carlos Nino a sostener que nuestro sistema político se hallaba sujeto, de manera lisa y llana, a un hiperpresidencialismo.

Sin embargo, la incontenible erosión del poder de Alberto Fernández durante los últimos tramos de su gestión permite formular algunas consideraciones en torno de la crisis del sistema presidencialista, aunque esta vez partiendo de una perspectiva opuesta a aquella a la que comúnmente se recurre en este tema. Porque no resaltaremos la innata tendencia a la expansión del Ejecutivo sobre las esferas propias de los restantes poderes del Estado federal, sino su implosión por efecto del convulsionado internismo de la fuerza política de la que forma parte el actual Presidente.

Crisis de gobernabilidad

En tal sentido, la que fue considerada por muchos como una maniobra de alta ingeniería política de Cristina Fernández de Kirchner, al designar como su compañero de fórmula a Alberto Fernández con la intención de captar el voto de un sector del electorado que le resultaba hostil, significaría el comienzo de la profunda crisis de gobernabilidad que atraviesa nuestro país. Porque lo usual es que el candidato a la máxima magistratura escoja a quien lo secundará y no al revés, en una clara señal de quien fija en definitiva el rumbo del gobierno por asumir.

Además, el funcionamiento de la tríada de poder de la coalición conformada por ambos junto a Sergio Massa resultó sólo exitosa para ganar las elecciones de 2019, pero claramente perjudicial a la hora de afirmar la autoridad de un Presidente debilitado genéticamente, dado a que sus principales decisiones, como la de designar o remover a los integrantes de su gabinete, serían el resultado de un conversatorio con sus socios, lo cual las licuaba de oportunidad y eficacia.

Por otra parte, en un país desacostumbrado al gobierno de coaliciones, la falta de un mínimo reglamento interno del Frente de Todos, que permitiera resolver en su seno aspectos centrales de la agenda del gobierno, implicó que las diferencias se plantearan por fuera. De tal manera, la vicepresidenta adquirió –mediante sus declaraciones, cartas y mensajes por redes sociales– un protagonismo excluyente como jefa política natural del espacio, lo cual desdibujó aun más la borrosa imagen de Alberto Fernández.

Estos acontecimientos, entre otros que imprimen el ritmo de la política real argentina, impactan en forma directa sobre el diseño constitucional del Gobierno nacional diluyendo la figura del Presidente como su principal responsable y provocando, en consecuencia, un estado de creciente y generalizada inestabilidad que caracteriza lo que llamamos el “hipopresidencialismo”, es decir, su severa dificultad para administrar, debido a la fragilidad intrínseca que presenta su poder.

Entonces, el juego institucional argentino continúa ofreciendo serios interrogantes alrededor del papel de quien debiera ser su máxima autoridad, tanto por sus habituales desbordes en detrimento de la armonía con los demás poderes públicos como de la vigencia de los derechos de la sociedad en su conjunto; como también por su incapacidad en el ejercicio de las competencias que le son propias por mandato constitucional.

Frente a esta difícil encrucijada, será necesario que la dirigencia política retome con suficiente antelación el debate sobre las distintas alternativas que en una próxima reforma constitucional federal favorezcan la dinámica y el equilibrio de los poderes del sistema político argentino, desgastado por los constantes vaivenes entre el hiper y el hipopresidencialismo que hacen zozobrar los sueños de los argentinos de vivir, simplemente, un poco mejor.

* Profesor de Derecho Constitucional de la Universidad Nacional de Córdoba y de la Universidad Siglo 21.