¿Hacia un Pearl Harbour digital?
Es importante tomar conciencia del ciberterrorismo conociéndolo, valorándolo, y aplicar medidas en función de las nuevas tecnologías. Horacio Bruera.
Una simple asociación de ideas nos da la pauta de la trascendencia que ha adquirido el ciberterrorismo en los últimos años. Los atentados al World Trade Center el 11 de septiembre de 2001 fueron el mayor ataque terrorista de la historia, el hecho que cambió la mirada sobre este fenómeno y llamó la atención de la comunidad internacional para asignarle la prioridad que amerita. Sin ir más lejos, el documento final de la Cumbre Mundial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) afirma de modo categórico que el terrorismo en todas sus formas constituye una de las amenazas más graves para la paz y la seguridad internacionales. De qué se trata. La primera dificultad que enfrentamos a la hora de abordar el tema es que no hay una definición unívoca de terrorismo, ni hay tampoco un convenio internacional que se ocupe en general de la cuestión. En consecuencia, el primer obstáculo es delimitar el concepto de terrorismo. Al respecto, la fórmula empleada en el informe final del Grupo de Expertos de Alto Nivel de la ONU define al terrorismo como "cualquier acto (…) destinado a causar la muerte o lesiones corporales graves a un civil o a un no combatiente, cuando el propósito de ese acto, por su naturaleza o contexto, sea intimidar a una población u obligar a un gobierno o a una organización internacional a realizar una acción o abstenerse de hacerla". Lo que lo caracteriza es, entonces, el objeto de la acción y la finalidad que anima a quienes cometen los actos, dada por el propósito de intimidar a la población u obligar a algún gobierno u organismo a realizar o dejar de realizar algo. Se dice, incluso, que en general los actos de terrorismo están animados por motivos ideológicos, políticos, raciales, etcétera.Esclarecido el concepto de terrorismo, podemos caracterizar al ciberterrorismo como el ataque realizado por un grupo de personas contra computadoras, software , redes y demás tecnologías de la información y la comunicación (TIC), con el objeto de intimidar a la población o extorsionar a gobiernos u organismos internacionales, siempre y cuando ese ataque tenga la virtualidad de provocar un daño grave a las personas.Al igual que lo que sucede con los delitos informáticos, suele decirse que las TIC en general, e Internet en particular, presentan un doble aspecto para las actividades terroristas, dado que pueden ser el objeto de los ataques o bien ser utilizadas como medios para la organización de ataques terroristas.La preocupación por el terrorismo y, por ende, por el ciberterrorismo ha crecido en importancia. La Estrategia Mundial de las Naciones Unidas contra el Terrorismo, plasmada en la resolución A/RES/60/288, habla de la necesidad de coordinar esfuerzos para "luchar contra el terrorismo en todas sus formas y manifestaciones en Internet". Lo propio hace la decisión marco del Consejo de la Unión Europea sobre Lucha contra el Terrorismo, al incluir dentro de los delitos de terrorismo a las "destrucciones masivas en instalaciones gubernamentales o públicas, sistemas de transporte, infraestructura, incluidos los sistemas informáticos".Es importante empezar a tomar conciencia de este fenómeno, conociéndolo en sus diversas manifestaciones y valorándolo en su justa medida, a fin de implementar medidas y acciones adecuadas a las exigencias de las nuevas tecnologías. Regulación legal, capacitación, concientización, recursos tecnológicos para las fuerzas de seguridad e inclusión entre las políticas públicas contra el crimen son algunas de las acciones que debieran ser incorporadas a las agendas gubernamentales.
* Socio de Carranza Torres & Asociados.

