Hacia el exceso de facultades
Preocupa la aplicación de normas jurídicas cuando no existen organismos para un serio y verdadero control, integrados por todos los sectores de la sociedad, que garanticen justicia y equidad. Eduardo Alfredo Cúneo.
El 30 de diciembre de 2005 dijimos que el Ejecutivo Nacional corría al encuentro de un poder mayor, un "exceso", con el peligro que significa para la libertad ciudadana, la democracia y la república. Si uno de los poderes tiene un "exceso" se rompe el equilibrio republicano y peligra la democracia. Hoy aquel "exceso" de poder se encuentra superado: la Corte Suprema de Justicia (CSJ) no hace valer sus sentencias; el Ejecutivo Nacional no las cumple (como en el caso del fiscal General de Santa Cruz en el que la Corte ordena luego su reposición o el caso de las actualizaciones jubilatorias). ¿El Poder Judicial es hoy garantía para el cumplimiento de las leyes, especialmente para los más débiles y desprotegidos de la población? Paradójicamente, el Ejecutivo Nacional debe cumplir una sentencia de un tribunal extranjero, en Nueva York, pese a su promesa de no cumplirla.No deberíamos repetir la maniobra de presionar, ya no con las armas como antaño, sino con la fuerza del Ejecutivo y el Legislativo que cuestionan y quitan jerarquía al Poder Judicial. Olvidan que, además de gobernar según la ley, su misión es respetar la independencia de los poderes del Estado. Verdad y mentira. ¿Cuánto tiempo se puede vivir sosteniendo una impostura? Sólo la verdad nos hará libres. Cuando se vive aferrado a una mentira se pierde la libertad; si esa mentira es descubierta se pierde confianza, honor y credibilidad. Cuando un sistema económico financiero tiene como sostén la mentira (como en el caso del Indec), algo anda mal y esta realidad tarde o temprano estalla. Es la pantalla que pretende ocultar la inflación. En secreto se trata de justificar esta falsedad con el argumento de evitar que la deuda externa se acreciente. Si para ello es necesaria la mentira, algo falló en su renegociación.El discurso del Ejecutivo Nacional se cae a pedazos cuando ataca a nuestros abuelos porque pretenden una jubilación justa y además el Poder Judicial les había dado la razón. Este descuido de la Presidenta puede interpretarse como una proyección de su verdadero pensamiento. Es agraviante compararlos con los fondos buitre y los caranchos tras haber trabajado dignamente y haber aportado 30 años o más para asegurar una vejez con decoro. Sería bueno que la Presidenta aclare esas aseveraciones y pida disculpas públicamente por sus agravios. Esa actitud de humildad haría bien a la comunidad nacional y a su propia persona.Por otra parte, la Iglesia Católica no está obligada a solucionar los problemas sociales que denuncia; no tiene poder ni es su misión. Sus documentos están dirigidos a quienes sí tienen la obligación de solucionar esos problemas. Con gobiernos anteriores la Iglesia mantuvo una conducta coherente de no callar las injusticias más allá de las falencias que puedan haber tenido algunos de sus integrantes. Existieron también otros prelados que dieron sus vidas en defensa de los humildes que sufrían injusticias y el Estado no remediaba. Sus críticas y denuncias constituyen una reflexión que pretende aportar conocimiento sobre injusticias sociales para que, quienes tienen poder de decisión, los solucionen.La democratización de la información no se logra acallando a quienes piensan diferente ni amordazando las críticas adversarias. Por el contrario, el respeto de la pluralidad de opiniones garantiza la savia revitalizadora de la democracia y es esencial en todo sistema democrático.Es perverso invocar su democratización para lograr la uniformidad de un pensamiento único. Preocupa la aplicación de normas jurídicas cuando no existen organismos para un serio y verdadero control, integrados por todos los sectores de la sociedad que garanticen justicia y equidad. Está claro que si el monopolio privado no es bueno, peor es el del Estado, que tiene todo el poder e imperio de la fuerza para anular pensamientos diferentes.Sería bueno que la Presidenta inicie un diálogo permanente y profundo con todos los sectores de la sociedad, especialmente con aquellos que discrepan con sus políticas y estrategias. Argentina se hizo fuerte cuando fue capaz de celebrar los pactos de entendimiento que dieron lugar a la Constitución Nacional de 1853. Durante el Pacto de la Moncloa, cada partido y corriente ideológica supo que la historia y el futuro de España los unía más que sus diferencias; de allí el diálogo entre marxistas y cristianos, obreros y empresarios, oficialismo y oposición. Reflexionemos sobre la posibilidad de retomar el diálogo, que oportunamente iniciaron en Argentina, Naciones Unidas, Gobierno nacional e Iglesia Católica, a la cual hoy podemos sumar otros credos religiosos, sectores del mundo laboral, empresarial y organizaciones rurales.Esa es la gran pregunta y a su vez un gran desafío. ¿Por qué no?
*Expresidente del Colegio de Abogados de Córdoba y exmiembro del Consejo de la Magistratura

