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¡Ha estallado la paz!

Hay que empezar a secar las lágrimas de tantos niños y ancianos inocentes, los preferidos de Dios. Dar a los niños un futuro de paz es un derecho suyo y es un deber nuestro.

31 de enero de 2023 a las 12:01 a. m.
Ángel Rossi
¡Ha estallado la paz!
Paz. (Imagen ilustrativa)

El título de esta nota es el de uno de los libros que José María Gironella escribió durante la Guerra Civil española. Y la verdad es que nos calza muy bien en estos tiempos, porque es un grito que estamos necesitando escuchar de modo urgente por los medios o leer mañana en los titulares de los diarios.

Es muy triste pertenecer a una humanidad que constata azorada la fragilidad de la unidad cuando no es el amor la que la gesta y la nutre; una humanidad “desprotegida”, cuya vida o muerte casi dependen de lo que resulte de las pulseadas entre la crueldad del fundamentalismo y la ambición soberbia de ser dueños del mundo.

Lo necesitamos para seguir construyendo empecinadamente una “nueva civilización del amor”, donde cada persona, su felicidad y dignidad sean el centro de nuestros esfuerzos y desvelos personales y estructurales.

¡Qué ciertas se han vuelto las palabras de Miguel Hernández!

“Tristes guerras / si no es el amor la empresa... / Tristes armas / si no son las palabras... / Tristes hombres / si no mueren de amores… / Tristes, tristes”.

Necesitamos escuchar en forma urgente este grito, porque hay que empezar a secar las lágrimas de tantos niños y ancianos inocentes, los preferidos de Dios. Dar a los niños un futuro de paz es un derecho suyo y es un deber nuestro. En cambio, son eliminados o mutilados, son el blanco de los francotiradores, las víctimas de los “errores tácticos”. Sus escuelas son destruidas de manera premeditada y sus hospitales son bombardeados.

¡Dios mío, qué ciegos que estamos! Que nos quede claro: una sola lágrima de estos niños es infinitamente más grande que todos los proyectos; infinitamente más digna que todos los gestos. Una sola lágrima de estos niños tiene en la balanza de Dios y de todo hombre bueno –cristiano o no cristiano– infinitamente más peso que todas las toneladas de razones que pongamos en el otro platillo y que pretendan justificar estas atrocidades bélicas que estamos viendo.

“¡La paz es posible porque es posible el amor!”, gritó un día Pablo VI, y aquel grito se hizo eco en el corazón de sus sucesores: “¡Nunca más la guerra, la guerra nunca más!”.

Que nuestra oración, nuestra penitencia, nuestros gestos de solidaridad y nuestros esfuerzos por hacer y cuidar nuestra paz de cada día hagan brotar del corazón de toda la humanidad ese grito tan inmensamente deseado: “¡Ha estallado la paz!”.

* Arzobispo de Córdoba; miembro del Comité Interreligioso por la Paz (Comipaz)