Guiños morales en el Congreso
Y es que se hizo una costumbre aceptar el “roban, pero hacen”, mentira que se recicla sin tapujos mientras el baúl de la memoria rebasa de esta estofa de fronterizos.
Sólo ráfagas de controversia quedaron flotando en el Congreso por estos días sobre desvaríos éticos ciertos o presuntos. Parece que el marco moral de una sociedad no puede zafar de convivir con avaros ruines y funcionarios prevaricadores.
Y es que se hizo una costumbre aceptar el “roban, pero hacen”, mentira que se recicla sin tapujos mientras el baúl de la memoria rebasa de esta estofa de fronterizos. Con increíble precisión de vaticinio decía Arturo Orgaz, político y ensayista cordobés, hace 75 años: “Así es la moral de muchos, acomodaticia, calculadora, de tanto y cuanto”.
Padecimientos corporales los hay. Lo que no es frecuente es la queja dolorosa de un ser humano en torno de la pérdida de la salud moral. Pudiendo ser este un campo de estudio bastante amplio, es de creer que a lo largo de la existencia del homo sapiens hubo intentos de sobreponerse a estos males. O, por lo menos, equilibrar en términos razonables la hipocresía y la envidia, la deslealtad y el incumplimiento.
Domingo Faustino Sarmiento, por ejemplo, hasta aceptaba una sana envidia como estimulante de las acciones humanas. Pero en los tiempos en que vivimos –y haciendo un elemental rodeo entre tantas no virtudes– podríamos agrupar las acciones y opiniones de ciertos dirigentes bajo el paraguas del “me conviene”.
Sin embargo, la sociedad ya le ha puesto un rótulo a quienes se valen de estas especulaciones insensatas -sea por dos pesos o millones-, aunque la Justicia todavía no les pida cuentas.
En realidad, se pretende zanjar la discusión en dos terrenos. Si bien es materia opinable, lo ético y lo legal no deberían quedar contrapuestos. Es más, lo esperable sería que se potencien en pos del bien común. Que se sepa, toda nación desarrollada se ha forjado sobre gestos morales perdurables y ejemplos de civilidad.
Eduardo Mallea, médico y autor de Historia de una pasión argentina , inquiere: “¿Qué soy ahora, qué en este momento?... Cada día menos comprable y más dispuesto a despojar mi alma de ornamentos, a dejarla simple, sincera y natural como el alma simple, sincera y natural...”. Mientras no haya remedios para la inmoralidad o algo que se le parezca, habrá que aislar a quienes caen en la insolencia materialista, hasta que florezca una imprescindible renovación espiritual.
* Profesor de Cirugía (UNC)

