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Guerra de números

La imagen negativa de la Presidenta en la capital provincial estaba largamente por encima de los 50 puntos hace 10 días. Tras su internación disminuyó, aunque se afirma que esa situación no tendrá traducción en las urnas.

13 de octubre de 2013 a las 01:01 p. m.
Guerra de números

Los hechos fortuitos tienen a veces el efecto de una estampida que provoca un fuerte impacto en los escenarios en los que se producen. En estos días de superpoblación de encuestas, en los distintos despachos y oficinas partidarias había un dato por demás coincidente: luego de la internación, aminoró la imagen negativa de la presidenta Cristina Fernández.

En la ciudad de Córdoba, el rechazo a Cristina superaba largamente el 50 por ciento. Los estudios exhibidos el viernes y ayer concluían que esas opiniones negativas habían descendido 10 puntos aproximadamente.

De todos modos, esos mismos estudios también revelaban, aunque con matices, que esa mirada favorable a Cristina en los últimos días es circunstancial –ligada a su convalecencia– y que no tiene traducción en términos electorales. De tal modo, la lista del Frente para la Victoria que lidera Carolina Scotto no se vería favorecida con esta situación.

Se advierte cierto grado de efervescencia en el radicalismo con un sondeo encargado por el Comité Provincia, que lo sitúa seis puntos por debajo del peronismo en la provincia, y cuatro puntos arriba en el estratégico departamento Capital. Los popes de la campaña radical consideran que recién en estos días comenzaron a impactar en el electorado los cimbronazos que sufrió el Gobierno provincial con los escándalos de los policías vinculados al narcotráfico y acusados, entre otras cosas, de asociación ilícita.

A eso hay que sumarle los desbarajustes de la administración pública a raíz de las protestas, cada vez más severas, en la Justicia y en la salud pública.

En el peronismo, niegan que el narcoescándalo repercuta con fuerza en las urnas. Dicen que la ventaja sobre el radicalismo se mantendrá ya que Juan Schiaretti y Martín Llaryora –se enfrentaron en las Paso del 11 de agosto último– conservarán su caudal electoral.

Dos enfoques interesados 

Las dos son miradas interesadas en medio de una pulseada que recién ahora comienza a tomar color y forma. Se advierte un lento abandono de la parsimonia del electorado, que comienza a tomar partido.

Este diario publicó hace una semana una encuesta encargada por el Grupo Clarín que le daba a Juan Schiaretti ocho puntos de ventaja sobre el radical Oscar Aguad. Los que dicen que la situación se modificó en los últimos días consignan, entre otros puntos, la internación de la Presidenta, la profundización de los conflictos salariales y la cada vez más fuerte puja por la radicación de la multinacional Monsanto en Malvinas Argentinas.

Más allá de todo, en Unión por Córdoba existe la sospecha de que los números que tiene el radicalismo no son estrafalarios y que todo depende de estas dos semanas para conservar la ventaja. El peronismo sacó pocos votos en las Paso: poco más del 30 por ciento.

Si su cosecha disminuye en las elecciones generales, el gobernador José Manuel de la Sota tendrá problemas para construir su futuro político nacional. Le quedará poco para exhibir. Ese es su riesgo y probablemente su desafío.

No menor es la parada para el intendente de Córdoba, Ramón Mestre, quien se ha fijado como objetivo recuperar el departamento Capital, donde el radicalismo perdió en las Paso.

Una nueva derrota desflecaría sus ilusiones de 2015, especialmente si quiere abonar su sueño de ser gobernador. Por eso se ha puesto personalmente al frente de la campaña en este distrito y recorre barrio por barrio.

Ya hay avisos de TV en los que el intendente sale a pedir el voto para la lista de Aguad, que también integra su hermano Javier Mestre.

Sin embargo, si el peronismo está preocupado por el impacto de los desbarajustes y los escándalos, el radicalismo también está expuesto en el departamento Capital. Deberá verse si hay fuga de votos tras las denuncias contra el viceintendente Marcelo Cossar, por un supuesto crecimiento no justificable de su patrimonio.

En estos días, Cossar recibió fuertes cuestionamientos, sobre todo puertas adentro del partido, en el que suelen ser muy ácidos a la hora de confrontar y pasar facturas internas.

Las otras pulseadas 

Los duelos no concluyen con la tradicional puja entre radicales y peronistas. En esta elección legislativa habrá discusión: la que tiene como protagonistas a la kirchnerista Carolina Scotto y a Héctor Baldassi, el candidato del PRO. Hay empate técnico según varias encuestas, aunque los matices aquí también son variados.

Algunos estudios de grupos de foco deslizan la posibilidad de que exista un voto oculto para el candidato del partido de Mauricio Macri. “Es como si no quedara bien decir en público que se vota por el exárbitro de fútbol, pero si se hurga un poquito, salta la intención final”, razonó una fuente del peronismo, con estudios de opinión en la mano.

Hoy, los pronósticos le dan a Baldassi una levísima diferencia a favor de Scotto, aunque todo está encuadrado dentro de lo que los encuestadores denominan “empate técnico”, que muchas veces puede analizarse como un razonable margen de error y en otros como una excusa. La guerra de números y de posibilidades también incluye a Martín Llaryora, candidato número cuatro del peronismo, y Javier Mestre, tercer postulante radical.

La evolución de votos de cada una de las fuerzas puede o no depositarlos en la Cámara de Diputados de la Nación. Llaryora es una figura en ascenso dentro del justicialismo y Javier Mestre es la otra cara de la moneda de su hermano el intendente en esta compulsa. Por eso, si alguno de los dos queda afuera, el impacto será profundo y, sin dudas, muy duro para el que lo sufra.

El reparto de bancas basado en el sistema D’Hont es concreto y puede dar y quitar sin ningún tipo de problemas. Eso puede traducirse también en un crecimiento –hasta hace poco inesperado– de kirchneristas o macristas. Sí, está claro que Olga Riutort y el juecista Ernesto Martínez han quedado postergados en la carrera y prácticamente sin chances de llegar al Congreso. Son vaticinios, son números, son impresiones de una campaña que ya comenzó a desperezarse.