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Una gran dosis de humanismo

Podríamos preguntarnos si apelar a la medicina espiritual que indica el título de esta nota mitigaría los graves problemas que afligen al mundo de hoy. Rolando B. Montenegro.

11 de enero de 2013 a las 12:01 a. m.
Rolando B. Montenegro (Profesor de Emergentología. Hospital de Urgencias. FCM, UNC)
Una gran dosis de humanismo

P odríamos preguntarnos si apelar a la medicina espiritual que indica el título de esta nota mitigaría los graves problemas que afligen al mundo de hoy. Si su valor para una tarea tan amplia como compleja sería reconocido y cultivado por las sociedades. Ante el cúmulo de muertes y lesiones en ocasión violenta, se apuesta a una suerte de integración de las áreas involucradas. Por ejemplo, recientemente, al conocerse la trágica cifra de decesos en siniestros viales de la provincia de Córdoba durante el 2012.Una fantasía pesimista crece ante la magnitud de los hechos. Son tantos y sucesivos estos tropiezos y dolores que apenas deja asomar el idealismo que vaticinan los planes preventivos y concretan nuestros gobiernos. Se levantan quejas ante supuestas ineficiencias y la desmesurada publicidad oficial. El tema está planteado desde lo académico –en sociedades científicas y congresos– y a través de los medios de información y organizaciones sociales diversas. También por el testimonio de quienes han sufrido esta grave e inesperada dolencia, la enfermedad trauma, en los mal llamados accidentes. La horrenda estadística (495 muertos, La Voz del Interior , suplemento especial del 2 de enero pasado), un documento extraordinario, sorprende si se confronta con la de Suecia, donde ningún transporte público podría circular con su conductor alcoholizado o sin las horas de descanso reglamentarias. Allá, la tecnología puesta al servicio de la comunidad logra éxitos incalculables al detectar precozmente estas conductas. Aquí, se la ignora y hasta podría ser tomada como una tecnología deshumanizante que afecta la interacción en sociedad. Estado de agresión y quebranto. El Hospital de Urgencias de Córdoba me permitió integrar su equipo de trauma durante 30 años. Por eso, si bien estos párrafos se escriben en la serenidad de un papel, llevan implícito el martirio que viven los afectados, tanto violentados y/o violentos. En la diaria asistencia, es evidente que estamos ante un estado de agresión y quebranto reiterado del espacio sociocultural, cada cual viviendo su drama con pocas posibilidades de integración.Ante esta irremediable emergencia nacional ¿podrá ser el humanismo la salida y protección que reclama y busca una sociedad entregada a conseguir logros materiales? ¿O hay que aceptar la situación imperante que viene sometiendo espiritual y cotidianamente al que no consiente este desorden mental? Quienes toman verdadera conciencia de su servicio al prójimo saben que estas bajas humanas se han incorporado como habituales.El humanismo, alude Thomas Mann (1875-1955) "no tiene nada de escolar y, directamente, no tiene nada que ver con la erudición. El humanismo es más bien un espíritu, una disposición intelectual, un estado del alma que implica justicia, libertad, conocimiento y tolerancia, amenidad y serenidad". Con excepciones, los jóvenes y no tan jóvenes de hoy ignoran la tarea enriquecedora sobre sí mismos y están entregados a la vida colectiva. Los adultos, como en un estado de hipnosis, esporádicamente asumen reacciones desesperadas y desmesuradas, solicitando endurecer las puniciones. La categoría de animal con capacidades inteligentes hace al hombre aspirar a una vida mejor, pero no debería desdeñar construir en paralelo sobre las potencialidades del espíritu, que son enormes si acompañan al progreso de la humanidad. Tal cambio de actitud moral será posible si favorecemos un ámbito propicio para razonar y sensibilizarnos para comprender y responder a los mensajes del propio cuerpo y el del otro. Entonces, la organización de todos los actores de la sociedad para revertir la actual siniestralidad vial generará responsabilidades, participación constante y maduración. Cuando alguien cree tener un futuro brillante, y todo cambia en un abrir y cerrar de ojos, desandar el camino hacia una recuperación significativa y feliz es posible. Parece abrumadoramente difícil, pero si todo está planificado y articulado sobre un optimismo realista el Estado de bienestar llegará con el esfuerzo del paciente y el apoyo familiar, de los amigos y de las autoridades. Es angustiante para un ciudadano con interés por los valores de la vida ver a una joven con su miembro inferior completamente amputado desplazándose sobre muletas: algo está faltando.