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El glorioso Colegio de Monserrat

A quienes hoy llegan a ese lugar, próximo a cumplir 325 años, el hado les ha signado la alta misión de ser los guardianes de ese fuego sagrado. Arnaldo Pérez Wat.

01 de agosto de 2011 a las 12:01 a. m.
Arnaldo Pérez Wat (Periodista)
El glorioso Colegio de Monserrat

La Universidad de Córdoba recién fue erigida como tal en agosto de 1621 por disposición del papa Gregorio XV, que la autorizó a conferir títulos de grados, y confirmada por la Real Cédula de Felipe III en febrero de 1622. Desde 1613, funcionaba como Colegio Máximo de la Compañía de Jesús. La fundación del Colegio de Monserrat demoró, pues las prácticas españolas exigían largos trámites de 30 años. Salteando detalles, el gobernador Tomás de Argandoña hizo proceder a su fundación en 1687. El colegio también perteneció a los jesuitas. Ese año se toma como el de su fundación, de modo que dentro de un año, el 1° de agosto de 2012 cumplirá 325 años. Lo de Monserrat vino con posterioridad: la palabra catalana montserrat , se compone de mont (monte) y serrat ( aserrado).Cuando Carlos III dio la orden al gobernador de Buenos Aires, general Francisco Bucarelli, de que expulsara a los jesuitas del interior del país, este comisionó al sargento mayor Fernando Fabro, quien en 1767 tomó posesión del colegio. Al producirse la expulsión de los dominios de España y de América, la enseñanza universitaria se resintió.Desde aquel Convictorio hasta 1810, muchos alumnos directos e indirectos del colegio fueron promotores, actores, tribunos, estadistas y guerreros de la Revolución de Mayo. Para resumir, cuando cae el gobierno general de la Nación, en 1820, el establecimiento pasa a depender de la Provincia. En 1854, al federalizarse la universidad, dependerá directamente de la Nación. El 22 de febrero de 1907, el colegio vuelve a depender de la universidad y comienza una época de oro, sin desmedro de las anteriores, en las que el establecimiento dio tantos próceres ilustres. La refacción de 1927 incluyó ocho aulas nuevas, una gran terraza, gabinetes y oficinas. Se le adosó una torre, la fachada actual y un ascensor que les permitía a los profesores llegar más rápidamente a los pisos superiores al toque de la campana. Ambos (el ascensor y la campana) siguen funcionando. La sala de profesores, que antes era una capilla, fue cortada por la mitad para abrir la actual calle Duarte Quirós. El fuego sagrado. A quienes hoy llegan a ese lugar, el hado les ha signado la alta misión de ser los guardianes de ese fuego sagrado. En efecto, visto desde la generación de profesores, nada más dichoso que los aspirantes que hoy entran en la casa que legara Ignacio Duarte y Quirós. O, como dice Eduardo Morón Alcaín: "Si la juventud es proyecto, futuro promisorio, agilidad de cambios, alegría y promesa, el Monserrat es esta institución joven de más de 300 años que alberga a jóvenes que no alcanzan a los 20". Es cierto que la característica de la época actual es de crisis, que se da gran importancia a los mezquinos intereses de la vida cotidiana, que las luchas en torno de lo material se vuelven crueles como en épocas pasadas. Al prohibirse la guerra química por convención, se dio un paso adelante en las civilizaciones. Hoy, ese ataque inhumano vuelve, pero el arma nefasta no hiere el cuerpo sino el alma. Son las corrientes de estupefacientes que invaden todos los países y amenazan con absorber los mejores cerebros y con marchitar todo el vigor del espíritu.Pero en ese mundo inseguro, conservando 10 horas semanales de Filosofía para el bachiller, florece como un oasis el viejo colegio. Esa posibilidad que el histórico templo ofrece a los jóvenes que desean dedicarse a la ciencia y a las humanidades permanece como anunciando la esperanza de un cambio hacia un tiempo mejor.