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Frente Amplio: la duda y el anhelo

Para convencer a la Argentina de que la coalición Frente Amplio-Unen es una nave segura, guiada por pilotos responsables y avezados, sus dirigentes no tienen que prometer sino explicar.

26 de abril de 2014 a las 12:02 a. m.
Frente Amplio: la duda y el anhelo

Se supone que ya saben que no sólo se trata de hacer un barco grande. También se trata de que no sea el Titanic.

Al igual que Francesco Schettino y que Lee Jun-seok, los capitanes de los naufragados Costa Concordia y Sewol, el capitán Edward Smith había prometido un viaje seguro en un transatlántico “inhundible”.

Para convencer a la Argentina de que la coalición Frente Amplio-Unen es una nave segura, guiada por pilotos responsables y avezados, sus dirigentes no tienen que prometer sino explicar.

A falta de un acuerdo programático, deben explicitar la regla que se comprometieron a cumplir, tanto en el poder como en el llano, para evitar nuevos naufragios.

El país ha visto hundirse ese tipo de navíos políticos. Se equivocan quienes piensan que el único mal antecedente es la Alianza. La verdad es que, en aquella tempestad económica y sin vientos de cola de ningún tipo, cualquier otra coalición nacida de esta clase política se hubiera desvencijado y cualquier otro gobierno se hubiese hundido.

Más inexplicable fue el naufragio del Acuerdo Cívico y Social que, con los mismos protagonistas de ahora (menos “Pino” Solanas, Humberto Tumini y Victoria Donda), y después del buen resultado que lograron en las legislativas de 2009, se disolvió torpemente en 2011, colaborando para que el triunfo oficialista fuera abrumador.

No estaban gobernando en un tiempo de crisis terminal, como le había tocado a la Alianza. Estaban en la oposición y venían de un éxito electoral. Pero ese opulento 30 por ciento de votos les excitó las veleidades más mezquinas.

Ahora presentaron la mejor cartelera. Exhibe desde figuras descollantes en seriedad y capacidad de gestión, como el socialista Hermes Binner, hasta inteligencias modernas con un toque chic , como Martín Lousteau.

Una cartelera rutilante que supera a la de Sergio Massa, que luce figuras respetables como los exministros de Economía Roberto Lavagna y Miguel Peirano, y también políticos cercanos a la farándula, como Martín Redrado.

Falta que las estrellas de esta coalición no se peleen como vedettes descocadas por el lugar en la cartelera. Y también falta verlas actuar sobre el escenario político.

¿Estarán a la altura de la decencia conmovedora que aportan militantes de gran prestigio y generosa entrega, como Jairo y Luis Brandoni?

Las primeras señales no despejan dudas. Varios disimulan malamente más ganas de pegar codazos que de dar abrazos. Y otros equivocan el argumento para desechar a Mauricio Macri. Por lo que hizo gobernando la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, hay más motivos para quererlo adentro que para repelerlo por pruritos ideológicos.

Pero hay una razón que justifica no unirse con el PRO: los votantes de Macri, igual que los de Massa, quieren un giro total en el rumbo económico.

No está claro que Macri reinstalaría el frenesí privatista y anti-Estado, pero eso esperan con fervor sus votantes. En cambio, el votante del progresismo no peronista tiene otra expectativa.

El anhelo

La expectativa es que el Frente Amplio reemplace al populismo híper estatista por un keynesianismo pragmático, con un Estado presente que regule y oriente, pero que no anule ni reemplace al mercado.

Que no vuelva a los ajustes que golpean el consumo y achican la economía, pero que recupere los superávits gemelos, suprimiendo el gigantesco y arbitrario gasto público vinculado con la burocracia inútil, el aparato de propaganda y la modalidad de corrupción estructural basado en la cartelización y los sobreprecios de la obra pública.

Que reemplace al mesianismo monárquico y su corte de sabios e inquisidores en pose de superioridad moral por un equipo de humildes servidores públicos que no juzgue a los demás.

Que desmantele las réplicas de las "guerrillas" internautas chavistas, expertas en masacrar el prestigio de los formadores de opinión que piensan diferente. Y que libere los medios estatales y paraestatales de comisarios políticos y comunicadores con rating escuálido y honorario obeso por denostar a quienes figuran en las listas negras del Gobierno.

Que mantenga subsidios a los pobres, pero a cambio de trabajo o estudio, en lugar de subsidiar la nada que convierte a la gente en lumpen del aparato clientelar.

Que haga lo posible por drenar el rencor que se acumuló entre las dos partes en que se dividió la clase media, por el discurso que inoculó odio político.

Que reemplace la masturbación ideológica por el pensamiento crítico, y la censura mediante escrache mediático por el genuino debate de ideas y propuestas.

Que dé la razón a la Presidenta cuando dice que no pueden respetar la vida de los demás aquellos excluidos que nunca sintieron respetadas sus propias vidas, pero que proteja la vida de todas las personas en lugar de presumir vanguardismos jurídicos que, en realidad, encubren pavorosas ineptitudes.

Que continúen los juicios y castigos a militares genocidas y torturadores, pero que cese la reivindicación de organizaciones armadas que cometían asesinatos abriendo el camino a la dictadura más brutal. Y que deje de considerar como una “buena política de derechos humanos” a la que incluye cooptaciones que mancharon a organismos y desprestigiaron a dirigentes, antes merecidamente respetados por toda la sociedad.

Que enseñe que la apropiación partidista del Estado es tan enemiga de lo público como el privatismo extremo. Y que sepa crear una militancia en lugar de un club de fans , por entender el carácter denigrante y reaccionario que tiene la veneración de un líder.