Flores y penas
Antes de envidiar situaciones que nos parecen óptimas, deberíamos conocerlas más de cerca. Ángel Stival.
Es ambigua la sensación que produce la ineludible obligación de atravesar suelo chileno para ir a Ushuaia por tierra. En ese paisaje malvinense de cascos de estancias con techos rojizos o verdes y campiña donde pastan las ovejas recién esquiladas con sus crías, renace el aprecio hacia los chilenos y su historia, aprecio hondo y exento del oportunismo político que ahora pretende colocarlos en un Olimpo milagroso, como espejo de sensatez y organización en el cual deberíamos mirarnos. Hay una fuerte contradicción entre lo que intenta transmitir el nombre del lugar donde chilenos y argentinos tienen que "hacer Aduana" para ir a su propio país (Paso de Integración Austral) y el sentimiento nacional maltratado, que busca un atajo y lo encuentra con la sublimación hacia la poesía.Atahualpa Yupanqui es quien viene a encauzar ese manojo de contrasentidos con su música cargada de descripciones minimalistas, en las que el costumbrismo y los paisajes ocupan un anchuroso lugar, mientras el amor se reduce a "elegir un mozo pa' cuñado".Las alegorías de "don Ata" nos llevan a encontrar la luz al final del túnel. El aromo es una preciosa canción cargada de ellas, que refiere la historia de un espinillo (aromo es el nombre con que se lo conoce en Chile) que nació "en la grieta de una piedra". Sus flores causan envidia a las plantas circundantes: "Salud, plata y alegría / tuito al aromo le suebra / asegún ven los demás / desde el lugar que lo observan". Sin embargo, el poeta advierte: "Pero hay que dir y fijarse / cómo lo estruja la piedra / fijarse que es un martirio / la vida que le envidian". Después enaltece la actitud positiva ante la adversidad: "En ese rajón el árbol / nació por su mala estrella / y en vez de morirse triste / se hace flores de sus penas". Eso habrían de envidiarle los otros, si lo supieran. La luz que prendió "don Ata" es cómo se ven de diferentes las cosas, según la posición que ocupe el observador. Y la iluminación se completó con la vista del lago Fagnano, a menos de 100 kilómetros de Ushuaia, enmarcado por unos picos nevados, cuya belleza torna irrelevante que sean chilenos o argentinos.

