Flores blancas para el viejo dolor
Hace poco, el presidente norteamericano Donald Trump recibió a Mauricio Macri con otra pila de documentos desclasificados de la dictadura, parecida a la que antes había traído el entonces secretario de Estado, John Kerry.
Eran otras las flores blancas que el jueves Angela Merkel arrojó al paso del río, pero el gesto que cabía en sus manos se parecía al de Barack Obama, hace poco más de un año.
Dos de los máximos líderes del planeta, conductores de pueblos protagonistas de la historia y del presente, Alemania y Estados Unidos, no podían pasar por Argentina sin echar al agua el ruego dolorido pero esperanzado del mundo para que ya no suceda un espanto más como el sufrido aquí.
Sí, Argentina es uno de los países que el mundo tiene de referencia como escenario de una de las grandes tragedias provocadas por crímenes que ofendieron y aún ofenden a la humanidad.
Algunos, muchos de aquí, prefirieron (y prefieren) pensar o al menos declarar que era una mera cuestión de bandos enfrentados, que la política de Estado sobre derechos humanos sustentada en los conceptos de memoria, verdad y justicia y los juicios y condenas a los sangrientos represores estaban empapados de revanchismo.
Entonces, para modificar este estado de cosas había que esperar un cambio del viento político y luego echar el tema en las fauces de la grieta para que en el fragor prosperara otra visión, mientras se alentaban el negacionismo sobre la cifra de desaparecidos y la recurrencia a la teoría de los dos demonios. Luego, en mayo, la reacción frente al “dos por uno” de la Corte Suprema de Justicia de la Nación dejó claro de qué lado está la inmensa mayoría, más allá de la grieta.
La misma foto en el Parque de la Memoria, en Buenos Aires, se la sacaron hace medio año al primer ministro de Canadá, Justin Trudeau. Mientras, en febrero de 2015, el entonces jefe de Estado francés, François Hollande, pidió visitar el sitio de la memoria de la ex-Esma.
Hace poco, el presidente norteamericano Donald Trump recibió a Mauricio Macri con otra pila de documentos desclasificados de la dictadura, parecida a la que antes había traído el entonces secretario de Estado, John Kerry.
Es decir, el mundo parece convencido de la claridad y de la profundidad de nuestros sentimientos frente al terrorismo de Estado y nos respeta por haber sido capaces de juzgar y condenar a los responsables con las herramientas de la ley de siempre.
“En la Argentina, es una necesidad recordar ese capítulo oscuro de la historia”, dijo la conductora de un pueblo que alguna vez parió al nazismo, el que luego cometió el más terrible genocidio con el exterminio de seis millones de judíos, entre otras víctimas. Desde entonces, no han cesado de arrojarse flores blancas al río de ese inmenso dolor.

