Feriado nacional
Al apostar al “potencial económico” de los feriados podemos equivocarnos; reforzando el “potencial simbólico”, seguro que no. Héctor Ghiretti.
Parte del tiempo social es la memoria. Mucho se ha discutido sobre esta cuestión y también sobre las relaciones entre la Historia y la memoria. Es un terreno difuso, de mutuas, múltiples y variadas influencias. Las sociedades necesitan –aún más en épocas de cambios acelerados– recordar sus orígenes, los principales acontecimientos que marcaron su trayectoria y su historia. Recordar sirve para resignificar el presente y señalar un sentido. Las sociedades festejan, en fechas señaladas, su persistencia temporal. Celebran que los acontecimientos que les dieron origen todavía tengan significado. Para eso, fijan un día, que puede ser el aniversario real de algún hecho histórico relevante o un acontecimiento mítico, es decir, no comprobable históricamente. De ahí, la palabra efemérides: "Lo que ocurre en un día". Los símbolos. Al igual que los símbolos físicos –escudo, bandera, escarapela–, las fechas patrias tienen una potencialidad simbólica, pero expresada en términos temporales. El símbolo sirve para conocer o comprender una realidad compleja, imposible de representar de otra manera. Reconocer y apreciar los símbolos preserva la identidad de las personas y las sociedades con esa realidad. Si el simbolismo se pierde, se pierde la identidad. Un recurso para reforzar la importancia de la fecha es el feriado, que, contrariamente a lo que se piensa, no quiere decir "día no laborable". Feriado viene de "feria", que en latín significa "día festivo". Cuando estamos de fiesta, hacemos cosas diferentes que cuando trabajamos. Tendemos a realizar acciones recreativas, que ponen en movimiento a un tipo específico de actividades económicas: la industria del ocio. Con el objeto de permitir la mayor actividad posible para esos sectores económicos –en particular, el turismo–, el poder político ha decidido "mover" el día libre o vacante correspondiente a algunas fechas patrias a días anteriores o posteriores al fin de semana. Se obtienen así fines de semana largos que permiten organizar breves vacaciones. El efecto que tienen esas aparentemente inocentes medidas de fomento al comercio y la industria no es del todo positivo. Al trasladar el feriado, la fecha señalada sufre una pérdida radical de significación. La operación podría compararse a la sustitución de los colores o motivos de los símbolos patrios en razón de que no venden o no están de moda. Una combinación diversa les daría quizá más difusión, incrementaría su demanda comercial, serviría para la promoción turística: la Luna en vez del Sol patrio, un chambergo de malevo o de gaucho en lugar del gorro frigio, una combinación cromática más viva y llamativa que el celeste y blanco, ¿por qué no? Lo que nos parece inconcebible en los símbolos visuales no nos extraña en los temporales, en los símbolos del tiempo. En el cálculo político, el "potencial económico" del feriado prima por sobre el "potencial simbólico" de la fecha patria. No son buenos tiempos para los símbolos, del mismo modo que no lo son para la memoria ni para la identidad. Ni la ciudadanía ni los gobiernos entienden bien su importancia central.El criterio que debería primar es aquel que responde a las formas que tiene un pueblo de afirmar su unión e identidad con valores compartidos y gestas fundacionales: reforzado, en la medida de lo posible, por acciones de los poderes públicos, las instituciones educativas y los medios de comunicación, que recuerden y actualicen el sentido de la fiesta.Al apostar al "potencial económico", podemos equivocarnos; reforzando el "potencial simbólico", seguro de que no.

