¿Europa vale cada vez menos?
La pregunta, aún sin respuesta, es si la Unión Europea (UE) conseguirá finalmente emerger sin pagar costos sociales más elevados que los actuales de la crisis en que se halla inmersa. J. F. Marguch.
La pregunta, aún sin respuesta, es si la Unión Europea (UE) conseguirá finalmente emerger sin pagar costos sociales más elevados que los actuales de la crisis en que se halla inmersa desde que Grecia reconoció que llevaba algunos años falsificando sus estadísticas macroeconómicas. Actuaba así, como si tuviese su propio Indec, desconociendo alegremente los límites fijados por la UE para el endeudamiento y el déficit fiscal de sus asociados (60 por ciento y tres por ciento del producto interno bruto, respectivamente). La admisión de sus transgresiones se producía en un contexto aun peor: la crisis de la economía global que siguió al estallido de la burbuja inmobiliaria estadounidense, desencadenante, a su vez, de la "crisis sistémica" de la estructura bancaria comunitaria. Salvo Alemania y un trío de países nórdicos, todos los demás asociados del espacio económico europeo (incluida Francia) chapalearon en el lodazal de los déficits.El dinero del primer rescate de Grecia fue devorado con rapidez por las arenas movedizas de una economía agrietada hasta sus cimientos. Los estadistas advirtieron en forma tardía que se habían equivocado con el monto de la ayuda y cometieron un segundo error: retuvieron el octavo tramo de la primera ayuda. Entonces Atenas desempolvó los espectros del impago de su deuda soberana y amenaza con salir de la Eurozona.El descalabro del euro significaría el quiebre del bienestar artificial de los europeos. Europa necesita del petróleo y el gas que afluyen desde el norte de África y, sobre todo, de Rusia. Cada vez que los europeos asumen posiciones contrarias a la estrategia global de Moscú, Vladimir Putin da una vuelta a los grifos de los poliductos y millones de europeos tiemblan... de frío. El zar tiene la malvada costumbre de ofrecerles una sesión de congelamiento si se deslizan en favor de la política exterior de la Casa Blanca.En esta guerra de incertidumbres ( drole de guerre , según la estupenda expresión que acuñaron los franceses en las inciertas semanas iniciales de la Segunda Guerra Mundial), Grecia parece estar obteniendo alguna ventaja, porque hasta los duros Angela Merkel y Nicolas Sarkozy aceptan ahora una quita de su deuda soberana. Así, Grecia podría obtener una rebaja del 60 por ciento, Portugal e Irlanda, 40 por ciento, y España e Italia del 20 por ciento. La banca estadounidense JP Morgan Chase, estimó, a fines de septiembre, que los bancos de esos países –fuertes tenedores de bonos basura griegos y de otros países– necesitarían una recapitalización conjunta del orden de los 148 mil millones de euros. ¡Sacre nom de Dieu! ¿Será posible que el Fondo Monetario Internacional (FMI) haya acertado por una vez? Porque ya en julio, su presidenta, Christine Lagarde, pronosticó que esa recapitalización demandaría unos 200 mil millones de euros, lo que provocó sonrisas escépticas de su auditorio europeo. Pero ésa parece ser la cifra más realista.¿Están todos de acuerdo en llevar adelante esa operación de rescate bancario? Sí, pero no. El tándem Merkel-Sarkozy se ha enzarzado en una polémica inesperada. A la espera de que ellos dos restablezcan su frente común, Herman van Rompuy, presidente del Consejo Europeo (el máximo organismo de decisión de la UE), postergó hasta el 23 de este mes su próxima reunión, que debía sesionar el 17 y 18. La discusión, iniciada por ambos el domingo 9, se basa en la hoja de ruta de la recapitalización bancaria. Merkel sostiene que los bancos deben recapitalizarse con los fondos públicos de sus propios países y recién entonces, si las sumas rastrilladas no son suficientes, acudir al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (Feef). Sarkozy propone exactamente contrario: los bancos deben recurrir primero al Feef y luego a los recursos nacionales.Desde que la burbuja inmobiliaria estadounidense estalló, los bancos han recibido unos 304 mil millones de euros, más otros 900 mil millones por compra de los gobiernos de sus carteras repletas de bonos basura. (¿A cuánto asciende el monto de la octava cuota del plan de ayuda a Grecia, cuya entrega permanece diferida por presiones de la primera ministra teutónica y del presidente galo? A ocho mil millones, una miseria, pero aun así ambos discrepan). Hundido en la alarma, Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo (el banco de los bancos de la UE) recordó que los sistemas bancarios de todos y cada uno de sus países, salvo Alemania, y con las debidas licencias, afrontan una crisis sistémica. Prácticamente, deberían ser refundados. En su comparecencia ante el Parlamento Europeo, Trichet advirtió: "Los gobiernos y las autoridades nacionales, así como las instancias europeas, tienen que estar a la altura de la situación y actuar con rapidez. Si hay más atrasos, eso sólo agravará la situación". Al día siguiente, George Soros y 1.300 políticos y empresarios europeos clamaron a los gobernantes: "Hagan algo, y háganlo ahora. Porque el riesgo es un mercado desestabilizado y muy difícil de normalizar". Obtuvo una inmediata respuesta: Paul Krugman, estadounidense Premio Nobel de Economía, desestimó el llamado de Soros, al que describió como "un delincuente de aventuras financieras". Si algo puede decirse con certeza es que la economía europea está nublada por la incertidumbre...En tanto, las calificadoras estadounidenses de riesgo no se dan tregua calificando a la baja todos los papeles europeos de deudas, no sólo los soberanos sino también los de empresas públicas y privadas. Parecen entender que Europa vale cada vez menos.

