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Estadística y realidad

El aporte del FMI para un índice de precios nacional puede ser un intento para conocer la Argentina profunda que se halla detrás de las cifras del Indec, manipuladas de forma escandalosa.

09 de diciembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Estadística y realidad

Carl Gustav Jung, uno de los fundadores del psicoanálisis, expresó en "Recuerdos, sueños y pensamientos" su escepticismo acerca del valor de la estadística. Dijo al respecto: "Puedo tomar un puñado de guijarros, medirlos, pesarlos y extraer los correspondientes promedios de tamaño y volumen. Es posible que ninguno de esos resultados coincida con alguna de las piedras que tenga en las manos". Con la estadística oficial, sucede algo similar. El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) afirma que en el tercer trimestre de este año la tasa de empleo ascendió a 42,5 por ciento del total de la población y que la desocupación en el mercado laboral cayó a 7,5 por ciento. Son cifras alentadoras, desde luego. Hay que tener en cuenta, no obstante, que, a pesar del buen nivel de actividad que viene mostrando en los últimos tiempos la economía argentina, desde el punto de vista de la equidad social subsisten prácticas de explotación totalmente inaceptables en un Estado que se proclama progresista. Tanto la Organización Internacional del Trabajo (OIT) como la Comisión Económica para América Latina (Cepal), ambos organismos de las Naciones Unidas, llevan años denunciando que los trabajos que se consiguen en la Argentina son "de baja calidad". ¿Qué supone, en realidad, ese eufemismo? En ciertos casos, una precarización extrema; en otros, sueldos inferiores a los vigentes en la actividad, jornadas que superan largamente las ocho horas diarias, francos rotativos, ausencia de vacaciones anuales y falta de aportes previsionales y a la obra social. Demás está decir que no se registran en forma fehaciente esas situaciones. Por otra parte, desde que fue intervenido y puesto bajo el control de la "patota" liderada por Guillermo Moreno, el Indec siempre manipuló la estadística de manera grosera y llegó a contabilizar como "empleados" a ciudadanos que sólo percibían planes de presunto asistencialismo, que no eran otra cosa que un agraviante clientelismo. Su distribución queda a cargo de "punteros" del conurbano bonaerense, que retienen un importante porcentaje de las asignaciones. Abundan denuncias en tal sentido.Es de esperar, entonces, que la misión del Fondo Monetario Internacional (FMI), que ayer llegó al país, dé un primer paso en el sinceramiento estadístico, con sugerencias para la elaboración de un índice de precios a nivel nacional. Aunque esos datos serán sólo una fotografía del real cuadro social y económico, constituirán, al menos, un primer intento para un análisis más serio de la Argentina oculta detrás de las cifras del Indec. Un índice de precios al consumidor acertado y creíble no sólo permitirá conocer el verdadero nivel de vida, sino también su impacto en la actividad económica y, por ende, en el mercado de trabajo.