Temas del día:

Una escuela sin alumnos

La idea es un Estado que garantiza el acceso y las condiciones para la permanencia y el egreso de los diferentes niveles del sistema educativo. José Luis Lázaro.

11 de abril de 2012 a las 12:01 a. m.
José Luis Lázaro (Especialista en lectura, escritura y educación)
Una escuela sin alumnos

Parece haber causado asombro el accionar de una escuela de Río Ceballos que "acordó" con un grupo de padres de alumnos "molestos" que éstos asistieran a clase tan sólo una hora, dos veces por semana. Una manera de no dejar a los chicos fuera del sistema escolar. Un mecanismo que, como debía de esperarse, no funcionó. Y los padres alzaron su voz. Lo preocupante es que éste no es un hecho aislado. El año pasado, en algunas escuelas de la capital cordobesa, a los chicos se les negó "la vía de excepción", un mecanismo que permite al alumno acceder a una nueva reincorporación cuando superó el límite fijado por la norma. Recurso que se usó durante mucho tiempo. Diversos alumnos no rindieron como libres y esperan tener 18 años para cursar en un acelerado.Lo preocupante es que esas actas de compromiso, con diversos matices, son moneda corriente en numerosas escuelas públicas y privadas, naturalizando una práctica que parece aproximarse de forma solapada a la idea de la "admisión y de la permanencia", con el agravante de que esa disposición se aplica en espacio de lo público.Las leyes de educación nacional y provincial, respectivamente, son precisas en este punto: la idea es un Estado que garantiza el acceso y las condiciones para la permanencia y el egreso de los diferentes niveles del sistema educativo (artículo 2, inciso h, de la ley nacional de Educación 26.206). Y se refuerza y se complementa el concepto al reconocer condiciones equitativas para el acceso, la permanencia y la promoción de los alumnos (artículo 5 de la ley 9.870, de la Provincia de Córdoba).La escuela es, a través de quienes la gestionan –directivos, docentes, personal en general–, el espacio privilegiado de la realización y concreción de esa política pública, en este caso de Estado.Y son estos actores los referentes inmediatos de ese Estado que deposita en ellos la representación ante la sociedad de las políticas públicas.No llevarlas a cabo es poco menos que un despropósito. Pensar permanentemente en actas como recurso de vinculación, como se viene trabajando desde hace un tiempo, y de manera recurrente, es ni más ni menos que pretender dar cuenta de que la pedagogía ha muerto. "Necesitamos reconstruir la alianza de los adultos... el problema de los chicos no es que los adultos seamos duros o blandos; lo que no nos perdonan es el abandono, la ausencia", reflexionaba Gustavo Iaes, hace un tiempo en las páginas de este diario.Y esa ausencia está, entre otras lecturas, en el haber vaciado la escuela de concepciones antropológicas; en desconocer que en el problema está el desafío; en caminar, deliberadamente o por desconocimiento, hacia la no escuela. Reside, asimismo, en haber instalado en el escenario escolar una lucha permanente por alcanzar pretendidos espacios de poder, resignando el verdadero ejercicio de la autoridad.Es, en definitiva, dejar a los alumnos sin escuela. Es anticipar el fracaso escolar de niños y de jóvenes que deben estar en la escuela. Porque ése es su lugar, para que desde allí se habilite uno de los mandatos sociales más fuertes: el de aprender a vivir juntos. Desde esta lógica es que las actas no cierran y generan efectos inversos a los pretendidos.Es alentador que se sepa que esto está ocurriendo. Más alentador sería que se empiece a mirar a los alumnos. Alumnos que deben estar en la escuela. Básicamente porque sin alumnos no hay escuela y porque, además, así lo establece la ley. Ni más ni menos.