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La escapatoria al tema del "unicato"

Los argentinos tenemos mala suerte. Marcelo Barberán.

20 de octubre de 2012 a las 12:01 a. m.
Marcelo Barberán (Abogado)
La escapatoria al tema del "unicato"

Los argentinos tenemos mala suerte. José Pablo Feinmann, un hombre inteligente, hizo el pasado 2 de octubre una encendida defensa del gobierno de Cristina Fernández contra los caceroleros, a los que acusó de actuar por celos, por "machismo" y de odiarla. Estos motivos pueden haber existido. ¿Por qué negarlo? Pero no son los más importantes. Feinmann tuvo a su favor el hecho de que ni siquiera los partidos de la oposición supieron poner de manifiesto el que creo es el más grave problema político argentino: la tendencia al "unicato".Al hablar del segundo gobierno de Juan Domingo Perón, alguien lo llamó "dictadura totalitaria". No estoy de acuerdo. Totalitario es un gobierno que se guia por una religión política ("ideologías dogmáticas", como las llama Claudio Fantini), que no es el caso del peronismo. Podría aceptar que hasta pasado 1973 buscó el "unicato", es decir un gobierno absoluto. Y un gobierno absoluto es un gobierno irresponsable.No hay que buscar orígenes raros a esta manera de pensar en el peronismo. El origen es militar porque, en caso de guerra, el jefe no responde por las vidas de los soldados más que con su propia vida.El antiperonismo fue llevado a ser irresponsable por la fantasía de que era posible eliminar al peronismo por la fuerza (lo que se llamó "gorilismo"), como si hubiera sido un fenómeno artificial.El peronismo no tuvo nada de artificial, guste o no guste, porque fue consecuencia directa de dos hechos: el fin de la "economía rentística" que tuvimos entre 1880 y 1929 y el mantenimiento del carácter irresponsable de los gobiernos de la época.No es cierto que Roque Sáenz Peña les regalara el poder a los radicales en 1912. Quería dos fuerzas paralelas y de influencia parecida que se controlaran mutuamente, lo que no fue posible porque no se logró formar un conservadurismo nacional que pudiera ser mayoritario.Desde Hipólito Yrigoyen enfermo (que, por ese motivo, no debió ser presidente otra vez en 1928) hasta los vacíos autoritarios que vinieron, cada vez se repitió la debilidad o el abuso de autoridad.En cuanto a los cacerolazos de 2012, que me perdone Feinmann, los caceroleros no lo hicieron por odio. Eran argentinos que estaban hartos, hartísimos de la búsqueda del "unicato" y de la irresponsabilidad, a quienes les importaba poco o nada cuál fuera el origen político de los que hicieran esto.Son sueños absurdos, de los que Giovanni Sartori dijo en 2001: "Yo quería a la Argentina hasta que los mismos argentinos se ensañaron con ella". Y nos ha costado de todo, hasta nuestros muertos enterrados en el cementerio de Darwin, en las Islas Malvinas.¿Qué hacer con el hartazgo? Reconstruir la república, proponer a las mayorías y minorías soluciones concretas a problemas concretos y corregir errores. No imaginar que vamos a conseguir el acierto en el acto. Acercarnos a él como buenos argentinos y, con la ayuda de Dios, armonizar tres objetivos en nuestro querido país: virtud, trabajo y educación.