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Es necesario profundizar el cambio

El Gobierno nacional, encolumnado en esa línea de pensamiento equivocado, despilfarró valiosos recursos en su afán de someter el desenvolvimiento de los mercados a su antojo.

13 de marzo de 2014 a las 01:01 p. m.
Manuel Tagle*
Es necesario profundizar el cambio

Ninguna política gubernamental ha podido doblegar la poderosa fuerza que emana de las acciones cotidianas de los individuos que, con ingenio y habilidad, logran con el tiempo escabullirse de todo obstáculo que pudiera afectar sus intereses. El estrepitoso fracaso del socialismo se debió, casualmente, a su obsesiva intención de doblegar esas fuerzas espontáneas, aferrándose a un idealismo utópico que fue desechado en los países más desarrollados y prósperos del mundo. Allí se supo respetar los nobles principios de la libertad, que llevan a la búsqueda del bienestar individual, que trasladan –al conjunto de la sociedad– progreso y desarrollo. Con ello, se eliminó la ilusión efímera de corto plazo que caracteriza al populismo.El Gobierno nacional, encolumnado en esa línea de pensamiento equivocado, despilfarró valiosos recursos en su afán de someter el desenvolvimiento de los mercados a su antojo, con la obsesión de controlar todo. Sin embargo, con claros signos de agotamiento, sin recursos y con sus fuerzas exhaustas, está experimentando el sabor amargo del fracaso.La grave crisis cambiaria de enero fue la conclusión de esta política. El desborde de los mercados, que son el reflejo de las acciones de la sociedad en su conjunto, fue una señal para el Gobierno de que se encontraba en los umbrales de un colapso económico.

Sin confianza

Era imposible llegar a las elecciones de 2015 sin resolver el gran desorden monetario y económico imperante. Los argentinos perdieron la confianza en su moneda. Se refugiaban aceleradamente en monedas extranjeras, bienes durables y propiedades.

Un gasto público descontrolado requería dosis cada vez mayores de emisión monetaria, para cubrir los compromisos asumidos en un intento desesperado por sostener el modelo. Pero la inflación devoraba las entrañas de esa política, fijándole límites insoslayables a su capacidad de maniobra.

El fracaso en Venezuela comenzó a preocupar con fuerza al Gobierno. Argentina ha entrado también en la fase final del populismo y la demagogia. Estériles intentos de control sobre las variables de la economía e injustas acusaciones hacia los empresarios reflejaban desesperación y desconcierto. Se percibía el desenlace preanunciado: desabastecimiento y caos social.

La crisis cambiaria de enero fue el golpe de gracia a un relato político cada vez más desconectado de la realidad. Sin embargo, la Presidenta demostró tener buenos reflejos e instinto de supervivencia. Para evitar el colapso, se aferró a consejos e instrucciones ortodoxas, inimaginables hasta el presente.

Este renunciamiento a sus más sólidas convicciones, a su estéril lucha contra las leyes del mercado, ha contenido el derrumbe, pero sólo representa el primer paso de un camino escabroso que deberá asumir.

Para recuperarse

Si la sensatez se acentuara y las medidas de extracción liberal comenzaran a generalizase, podría iniciarse una sorprendente recuperación.

Esa recuperación será capaz de neutralizar, mediante una fuerte corriente de inversiones, los efectos traumáticos que significará ajustar, en forma inevitable, las cuentas públicas.

El pensamiento liberal, que lleva incorporado en su esencia el respeto a las instituciones y al orden jurídico, otorga una generosa ventaja para estas circunstancias políticas. Tolera que gobiernos de extracción socialista, acorralados por la realidad y sus desaciertos, lo adopten, inclusive disimuladamente, para revertir el estancamiento y el subdesarrollo. Chile, Uruguay, Brasil, Perú y ahora Bolivia, son ejemplos contundentes de ello.

Por el contrario, si las convicciones ideológicas y el amor propio son más fuertes que el instinto de supervivencia, nos enfrentaremos a una aguda recesión, con un costo económico y social insostenible.

Por último, este desenlace nos ha dejado enseñanzas valiosas. Que este Gobierno haya tenido que asumir los costos políticos de tantos años de desajustes y desaciertos es una buena señal a la sociedad 
y una sabia experiencia para nuestro futuro político como nación.

Ha quedado lo suficientemente claro que las experiencias populistas e intervencionistas son tan efímeras como atrofiantes y al final generan no sólo un freno imperdonable al desarrollo y al bienestar de la sociedad, sino un preocupante desequilibrio económico en las cuentas públicas, inestabilidad en las empresas y, lo que es más triste e incomprensible, pobreza y marginación en los sectores más desprotegidos. En suma, la gran paradoja del populismo.

*Empresario