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¿Es malo especular?

La única manera en que un mercado estabilizado se desestabiliza es cuando los estados intervienen, por ejemplo, restringiendo la oferta y/o incentivando de forma artificial la demanda.

12 de noviembre de 2014 a las 12:02 a. m.
Franco Teald*
¿Es malo especular?

En momentos de crisis como los que atravesamos los argentinos en estos días, empiezan a florecer actores económicos que son blanco de las más diversas e injustas calumnias por parte de quienes gobiernan; esto es, por parte de los responsables principales del estado actual de las cosas. En estas líneas me quiero detener, y ocupar del más acusado y odiado de todos: el especulador. Primero que nada, debemos preguntarnos: ¿en qué consiste especular? Partamos de la definición dada por un economista keynesiano, y premio Nobel, como Paul Samuelson: "La especulación consiste en la compra de una mercancía con la idea de venderla más tarde, con el fin de obtener un beneficio. Los especuladores no tienen interés en utilizar el producto o en hacer algo con él; sólo quieren comprar barato y vender caro".Hasta acá, no parece nada del otro mundo, sino una mera acción lógica de cualquier individuo, desde el más pequeño comerciante hasta el más grande empresario. Pero, yendo un poco más profundo, lo que no todo el mundo conoce es el papel clave que estos seres demonizados –los especuladores– juegan en los mercados.Las actividades de los especuladores son de fundamental importancia para los "no especuladores". ¿Por qué? Simplemente porque son aquellos los que compran cuando todos desean vender, y viceversa.Supongamos que una extraordinaria campaña agrícola, debido a condiciones climáticas, genera un momentáneo exceso de oferta de un bien determinado. En un mercado regido por el esquema productor-consumidor, todo ese excedente simplemente se desecharía y generaría una avalancha de vendedores deseosos de colocar su producción antes de que se agote la demanda, lo que provocaría una estampida en los precios y consecuencias devastadoras.En un mercado libre, ese exceso de oferta hace que los precios bajen hasta cierto punto. En ese contexto, aparecen especuladores dispuestos a arriesgarse a comprar tales excedentes y acaparar, no con el afán de consumo sino para obtener un beneficio en el momento en que los precios suban y vuelvan a la normalidad.Suponen –y en esto radica la especulación– que en la próxima campaña el clima se normalizará, o bien el precio bajo incentivará a los productores a cosechar otro producto, con lo cual se reducirá la oferta del bien en cuestión. Una vez que suceda esto, los especuladores buscarán hacer efectivo su beneficio y contribuirán así a generar oferta en un contexto donde esta claramente tenderá a bajar.Este sencillo ejemplo muestra cómo de la acción del especulador se ha beneficiado el "no especulador". Aquel suaviza los vaivenes del mercado, otorgándole estabilidad y liquidez; permite al productor no sólo colocar su excedente sino incluso a un precio mucho mejor en comparación con el que podría haber obtenido en un mercado de sólo consumidores. Este caso es ilustrativo para cualquier tipo de mercado, desde el financiero al de commodities , monedas, etcétera.Un especulador no es un manipulador de precios, ni mucho menos un desestabilizador. No sería racional.Según Milton Friedman, "los que entienden la especulación como desestabilizadora no se dan cuenta de que su actitud es equivalente a decir que los especuladores pierden dinero, ya que la especulación puede ser desestabilizadora en general si los especuladores venden cuando los precios son bajos y compran cuando están altos, lo cual es lo mismo que argumentar que sólo cuando los especuladores son irracionales podrían desestabilizar precios, debido a que los racionales lo que hacen es asegurar una influencia estabilizadora".Si un activo se desvía de su valor fundamental, es decir, se sobrevalúa o subvalúa, sería racional para el especulador esperar que el activo tarde o temprano avance hacia su valor fundamental.La única manera en que un mercado estabilizado se desestabiliza es cuando los estados intervienen, por ejemplo, restringiendo la oferta y/o incentivando de forma artificial la demanda. Y en países como el nuestro o Venezuela –que se encuentran justamente entre los más intervenidos– tenemos ejemplos clarísimos de esto.Es normal, entonces, que presenten problemas similares: alta inflación y escasez, precios relativos totalmente distorsionados y, por supuesto, creación de mercados paralelos. Y entonces sí, es obvio, se adjudicará a los supuestos "especuladores inescrupulosos" toda la responsabilidad de lo que sucede.Es importante romper paradigmas, dejar las acusaciones sin fundamentos de lado, enfocarnos en buscar las verdaderas causas de los problemas, y encarar de una vez por todas soluciones reales y sostenibles en el tiempo. Siempre dentro del marco de libertad, seguridad y el respeto irrestricto de las reglas de juego.

*Analista de mercados, investigador del Centro de Estudios Libre