Epifanía argentina y americana
¿De qué materia están hechos los héroes de la historia, los próceres? Ellos pensaron y actuaron por la hechura de algo nuevo, por la construcción del futuro. Alejandro Mareco.
Esa casa que las luces amarillas dibujan en la oscuridad es un lugar señalado. Basta con tenerla en la mirada para sentir una sensación de epifanía argentina. Es la casa natal de José de San Martín (en realidad, una réplica que cobija los restos de las paredes originales). Entramos a Yapeyú con el sigilo de la noche temprana de julio y atravesamos las calles quietas del pueblo hasta llegar allí. El aire todavía estaba estremecido por la espesura helada de la garúa. Pero había algo que estremecía más. Al lado de la casa, hay otra hecha de piedra, también con luces prendidas. Entre los libros, los souvenirs y otros testimonios, pegada en la pared hay una hoja enmarcada que sacude las emociones. Dice: “Seamos libres y lo demás no importa nada”, escrita de puño y letra por el Libertador. Más allá, está José Ramón Luego, uno de los guías del lugar. Un yapeyuano de pura cepa sanmartiniana. Él ha visto cómo algunos de los miles de ojos que llegan sedientos de ver acaso sólo por ver y guardar unas fotos más en la memoria, de pronto empiezan a ver con el corazón y las miradas se enturbian, se empañan de garúa sentimental. Pero esta es tibia, puede sentirse en las mejillas. “Uno ve cómo la gente se emociona, incluso hasta el llanto. Es muy fuerte. Nosotros, los yapeyuanos, que estamos parados sobre la historia, no tenemos una dimensión precisa del sentimiento del visitante. A través de la expresión de los rostros, apenas si podemos calcular lo que están sintiendo”, dice Lugo. El pueblo de Yapeyú, en la provincia de Corrientes, es custodio del sitio de una epifanía (manifestación de lo sagrado) de la historia, es decir, de las cosas de los hombres. ¿De qué materia están hechos los héroes de la historia, los próceres? Puede parecer que el lejano ayer, un tiempo inaugural, como de leyendas, es su sustancia. Ellos pensaron y actuaron por la hechura de algo nuevo, por la construcción del futuro. En el umbral de los casi dos siglos de existencia argentina, San Martín ocupa el sitio más alto en el Olimpo de los próceres. Su dimensión aun es mayor, puesto que tiene estatura continental: es, junto con Bolívar, el campeón de la libertad sudamericana. “San Martín había asumido la misión de sustantivar la idea de Provincias Unidas de Sudamérica, emergente del acta de Tucumán. Y estaba dispuesto a lograr su objetivo malogrado por las escisiones, los localismos y los intereses partidarios. Para él no había más partido que el ‘americano’ ni más objetivo que la unificación nacional de Sudamérica independiente. Todo lo demás era accesorio y secundario”, tal como lo refleja A. J. Pérez Amuchástegui, en su libro Ideología y acción de San Martín . A su pasión americana la confirman incluso actos tan pequeños y concretos como el que dispuso en su apogeo en Perú: todo americano tenía derecho a la ciudadanía peruana. Acaso, si los vientos siguen soplando en el rumbo que marca el ánimo del albor del siglo 21, el futuro pueda parecerse a aquel instante iluminado del pasado. Y mientras los argentinos ya hemos sumado más de dos siglos de existencia propia, sus hechos y palabras son una fuente inaugural de la que, es posible, siempre necesitaremos beber. Dentro de unos días se cumplirán 151 años de su muerte. A pesar de que lo abrumen el bronce y el cemento, en miles de plazas puede presentirse su pasión libertaria, todavía ardiente.

