Entre la furia y la primavera
La ola de violencia que recorre varios países de Medio Oriente pone en riesgo los objetivos de esa Primavera Árabe que promovió la caída de las autocracias y una apertura democrática en la región.
La inesperada tensión que se extiende en casi todos los países de Medio Oriente ha puesto en duda la consistencia y los verdaderos alcances de esa Primavera Árabe que despertó tantas esperanzas en el mundo entero sobre la posibilidad de una paz duradera en la región y de una mejor relación con Occidente. La caída de los regímenes autocráticos y la convocatoria a elecciones libres en varios de esos países hicieron pensar que se abría una nueva etapa, más democrática y más representativa de los pueblos, pese a que todos temían que el extremismo islámico pusiera obstáculos a la consecución de esos objetivos. Parece que la violencia de estos últimos días les estaría dando razón a esos temores, aunque siempre es posible un apaciguamiento de los conflictos y una vuelta a la senda abierta por aquella transición.Lo concreto es que tras los últimos acontecimientos, incluidos los ataques a embajadas y el asesinato de diplomáticos, se declaró otra vez una alerta roja en aquella convulsionada región.Según el diario norteamericano "The New York Times", afín al Partido Demócrata, el estallido de la violencia en el mundo árabe se produce cuando la campaña presidencial en los Estados Unidos entra en su fase final, con una apreciable ventaja en las encuestas para Barack Obama, que el 6 de noviembre competirá por su reelección para un segundo mandato.De forma paralela a ese proceso electoral, la Casa Blanca se prepara para un prolongado período de agitación. Se pondrá a prueba la seguridad de las misiones diplomáticas y la habilidad del presidente Obama para encauzar las fuerzas transformadoras y democráticas en el mundo árabe. Una cuestión que no será nada fácil después de los ataques en Libia, primero, y Pakistán, después.La pregunta que muchos se plantean es si el actual presidente de los Estados Unidos hizo lo suficiente durante la Primavera Árabe para ayudar la transición de la autarquía a la democracia y, sobre todo, si no debió ser más duro con los extremistas islámicos.Cabe recordar que Obama ganó la anterior elección presidencial con la promesa de equilibrar las relaciones de Estados Unidos con el mundo árabe después de la guerra de Irak, y que fue aclamado en su discurso en El Cairo, en el que vislumbró una nueva etapa de fraternidad.Ese mensaje está sufriendo ahora una dura prueba, aunque la causa no está perdida. No hay que olvidar que la "nueva furia árabe" estalló a raíz de una película filmada en los Estados Unidos que fue considerada ofensiva en el mundo islámico porque se burla de Mahoma, la máxima figura religiosa del Corán.Sin dudas, estos sentimientos y fanatismos pueden frustrar procesos de paz, aunque el extremismo islámico no necesita de ellos para encender de nuevo las llamas de la violencia.

