Entre espejismos y espejitos de colores
El PEA es el instrumento para que el estatismo avance sobre la propiedad privada, para que la renta y la generación de riqueza sean del Estado. Luis Vanella.
Como entre sueños y pesadillas, así vivimos, ausentes de la realidad. Cada gobierno ha tenido su propia masa de enamorados que se negaba, mientras duró el hechizo, a reconocer dónde estábamos parados y cuánto nos costaría esa especie de realidad virtual a la que felizmente nos sometíamos. Con Néstor Kirchner, ocurrió lo mismo. Hace nada más que escasos tres años, la mayoría de la intelligenza argentina sostenía que Kirchner estaba haciendo bien las cosas. Hoy, vemos ¡cuánto bien! Si no fuera tan dramático por la inseguridad, el estado de indefensión, la miseria y muchas tristezas más, nos divertiríamos. Qué cómico sería si fuéramos espectadores en un circo bien organizado, con buen sonido y efectos luminosos, con empleados del circo que aplaudan entusiasmando al público divertido, hipnotizado por tanta destreza. Y así vamos, como en un circo, pero en el que los dueños, los gerentes, los acróbatas, los payasos, los domadores y las fieras devoran al espectador.¿Cuánta responsabilidad tenemos en nuestra realidad? ¿Cuánto permitimos que la manoseen, que la alteren en nombre de falsedades, de distorsiones? Y cuando, como un bumerán despiadado, se vuelve en contra, golpeándonos, nos preguntamos cómo puede ser y no reconocemos el vínculo existente entre el modelo de vida que tenemos y lo que nos pasa. Plan alimentario. Ahora, el Gobierno nacional aparece con otra mentira mechada de verdades, conocida como Plan Estratégico Alimentario (PEA). Que a los argentinos nos hacen falta políticas de Estado, planes estratégicos, es la parte de verdad. Que sea para que todos estemos contenidos, sin excluir a nadie, es la base del engaño. Con la bandera de la inclusión y la distribución de la riqueza, los únicos beneficiados son los Kirchner y sus adláteres. A estas alturas de la historia, es evidente. El PEA tiene como verdadero objetivo una grave intervención del Estado, al mejor estilo "chavista" o, más simplemente, "capitalismo de amigos" con garantías de impunidad para los corruptos. La modalidad es la misma de siempre. Primero, arman todo, punto por punto y luego invitan a todos los sectores involucrados a convalidar la farsa participativa. Sin grandes esfuerzos, posicionan a las propias huestes como "progres", buenos e inocentes, contra los "fachos", responsables de todo lo malo que ocurrió y ocurre. En ese espectáculo circense, sólo en apariencia amplio y democrático, tienen mayoría por decreto los propios secuaces del poder, pues las reglas son fijadas por el Gobierno. Con esa alteración invisible de la representatividad a favor del oficialismo, el poder kirchnerista garantiza los resultados a su favor, pues, al momento de votar, siempre son más.A la mayoría transformada por decreto en minoría, le queda sólo participar para intentar modificar la farsa, corriendo el riesgo de convalidar lo ya decidido. La mayoría con representación minoritaria queda expuesta a las agresiones físicas y/o verbales de quienes se autoproclaman defensores de la libertad y de la justicia social. Entre estos, habrá quienes actúen de buena fe y, otros que no. El PEA es el instrumento usado para que el estatismo avance sobre la propiedad privada, para que el propietario sirva sólo para mantener el bien; mientras la renta y la generación de la riqueza sean del Estado devorador y corrupto, al servicio de Kirchner y su camarilla. En este golpe mortal para lo que queda de la Argentina, están en juego la vida de todos los ciudadanos, sus libertades, la democracia y la República.No nos dejemos dividir por quienes nos someten con desvergüenza. Por nuestra parte, no nos dejaremos robar lo nuestro.

