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Enredados desde pequeños

La utilidad de los teléfonos inteligentes es innegable para la comunicación, para percibir alguna seguridad, para facilitar trámites y para disponer de datos generales, pero es necesario saber que enredar a los chicos desde pequeños tiene consecuencias.

12 de diciembre de 2021 a las 12:05 a. m.
Enredados desde pequeños
El uso de celulares se extiende entre los niños.

La realidad demuestra que niños y niñas reciben sus propios teléfonos inteligentes a edades más tempranas, lo que rápidamente los convierte en usuarios de redes sociales sin que las restricciones programadas muestren alguna eficacia.

La mayoría tiene gran habilidad técnica, pero escasa experiencia en gestionar un uso controlado, por lo que desde pequeños quedan “enredados” y expuestos a la adicción.

Ya no necesitan mentir la edad para abrir una cuenta. You Tube y Tik Tok ofrecen versiones para menores de 13 años, e Instagram desarrolla un formato kids para el que, según los responsables del proyecto, “deben ser autorizados por los padres, no tendrá anuncios publicitarios e incluirá contenidos apropiados para su edad”.

El rechazo a esta iniciativa fue masivo, pero recién cuando el diario The Wall Street Journal publicó un informe sobre el impacto psicológico de esta plataforma en los jóvenes, el proyecto fue paralizado.

La más usada

Instagram es la red con mayor crecimiento entre adolescentes; aunque nació centrada en la fotografía, hoy permite compartir escenas de la vida cotidiana, “historias” personales y familiares y entablar chats sencillos.

En paralelo al crecimiento de esta plataforma, creció la evidencia sobre el impacto negativo que genera el abuso de Instagram entre menores: distorsiona la propia imagen, distrae, aleja y perturba las actividades acordes a cada edad y genera una creciente necesidad de reconocimiento social.

“La reputación es el purgatorio de la modernidad”, advierte Theodore Zeldin, explicando que las redes sociales no sólo reflejan voracidad comercial, sino que representan el nuevo veredicto sobre la imagen personal. “Todo lo que está en la web existe; todo lo que se dice de mí es verdad”, afirma irónicamente el filósofo.

Instagram reaccionó de inmediato. Además de detener (no suspender) el programa Instagram Kids, anunció que incluiría una notificación de advertencia para los usuarios.

El propio director, Adam Mosseri, aclaró que el aviso tendría como propósito instar a “quien ha estado navegando durante un cierto período (se estima que excesivo) a que se tome un descanso de Instagram y a que establezca recordatorios para tomar más descansos en el futuro”.

La notificación, una de las múltiples herramientas que la plataforma propone para “gestionar el tiempo” y “valorar los me gusta con objetividad”, llega algo tarde para moderar la adicción tecnológica en una sociedad masivamente sumergida en el uso de redes sociales y mayoritariamente dependiente del reconocimiento externo.

¿Los creadores de lo que genera adicción advierten que la plataforma puede dañar si no se usa de modo prudente? ¿Niños, niñas y adolescentes aprenderán a controlar el uso mediante notificaciones virtuales?

Más allá del absurdo contenido en las preguntas, muchos chicos crecen rodeados de adultos que no pueden despegarse de Instagram. Buena gente que necesita relatar su vida “en línea”, que permanece largos períodos enfrascada en publicaciones hipervinculadas y que termina convencida de que su vida nunca es ni será tan hermosa ni sonriente como la de aquellos a quienes “sigue”.

La utilidad de los teléfonos inteligentes es innegable para la comunicación, para percibir alguna seguridad, para facilitar trámites y para disponer de datos generales, pero es necesario saber que enredar a los chicos desde pequeños tiene consecuencias.

Si creemos que desde los 10 años ellos y ellas necesitan Instagram, es difícil adivinar qué cielo mirarán las próximas generaciones: elevando o inclinando la cabeza.

O cómo construirán su autoestima: con los me gusta o con la mirada de sus amigos.

* Médico