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El enigma de las coaliciones

La inestabilidad de las alianzas es un dato estable de la política argentina. Históricamente, las alianzas construidas por el peronismo, la Unión Cívica Radical (UCR) y el resto de las fuerzas constituyeron experiencias efímeras. César Tcach.

04 de agosto de 2011 a las 12:01 a. m.
César Tcach*
El enigma de las coaliciones

La inestabilidad de las alianzas es un dato estable de la política argentina. Históricamente, las alianzas construidas por el peronismo, la Unión Cívica Radical (UCR) y el resto de las fuerzas constituyeron experiencias efímeras. El enigma de sus recurrentes fracasos contrasta con otros casos en Latinoamérica. Ejemplos: Uruguay, donde el izquierdista Frente Amplio cumplió hace poco 40 años de existencia y se convirtió así en la coalición política más antigua de América latina, y Chile, donde aún se mantiene la Concertación de Partidos por la Democracia, que es una unión del Partido Socialista con la Democracia Cristiana y otras agrupaciones menores, surgida en 1988 para enfrentar a la dictadura de Augusto Pinochet. ¿Por qué son inestables? El lector podría preguntarse por qué motivos las coaliciones son estables en Uruguay y Chile e inestables en la Argentina. Uno de ellos se relaciona con el tema de la institucionalización de los compromisos entre las partes. En esos países, las coaliciones descansan en el principio del poder compartido y, por consiguiente, supone la existencia de una conducción colectiva. Las decisiones se toman a partir de un sistema de pactos y reglas que regulan las relaciones internas de poder. En nuestro país, en cambio, las experiencias de coalición se reducen a acuerdos circunstanciales entre personas, que no se traducen en el establecimiento y ejercicio de normas compartidas. Argentina tiene una fuerte tradición de coaliciones que sucumbieron a la fascinación personalista, la vocación hegemónica y las tentaciones corporativas. Veamos: 1. Peronismo. El concepto de alianza está sujeto al principio del liderazgo carismático. En caso de ser gobierno, ¿cómo se ejerce ese liderazgo? En la década de 1950, el Comando Estratégico del peronismo era presidido por el presidente de la Nación y se reunía en la Casa Rosada; el Comando Táctico era dirigido en cada provincia por el gobernador respectivo y se reunía en la Casa de Gobierno; los subcomandos tácticos eran presididos por los intendentes y se reunían en la sede municipal. No es de extrañar, entonces, que tras la muerte de Juan Perón y la larga crisis de sucesión, la alianza se convirtiera en una variable dependiente del Poder Ejecutivo Nacional o de los gobernadores. Desapareció el liderazgo carismático, pero no el verticalismo estatalista y personalista que marcó su origen y condicionó las alianzas en un doble sentido: la asimetría interna, dado que los actores están sujetos a un centro o vértice situado en el Estado, y su carácter coyuntural, meramente instrumental. De allí la volatilidad de los "compañeros de ruta": no son actores fijos determinados por afinidades ideológicas. 2. UCR. En el caso del radicalismo, la idea de alianza tuvo varios contrapesos importantes. En primer lugar, la concepción yrigoyenista según la cual el radicalismo era la expresión de la nacionalidad y, al mismo tiempo, su agente constructor –concepción que se nutría también de una fuerte influencia krausista–, lo que operó en detrimento de las alianzas. El radicalismo era concebido como la única traducción democrática de la Nación. Vinculada con esta concepción, se construyó una noción de consenso, no como el fruto de una esforzada negociación entre actores, sino como el resultado de la acción honesta de sus dirigentes. Esa forma de hacer política plegaría a su favor al conjunto de la ciudadanía. En el fondo, latía también con fuerza la tentación movimientista, pero –a diferencia del peronismo– no en clave corporativa, sino anclada en un partido de ciudadanos. 3. Liberal-conservadora. En el caso de este sector, la idea de alianza que practicó en las décadas de 1930 (Federación Nacional Democrática), 1960 (Federación de Partidos de Centro), 1970 (Alianza Popular Federalista) y 1990 (alianza de la Unión de Centro Democrático con el menemismo) chocó siempre con dos obstáculos formidables: su desinterés por la democracia interna y su fácil seducción por actores corporativos. Esos factores restaron densidad a su propio interés por la fórmula organizativa del partido. Hegemonía y consensos. A partir de lo expuesto, se puede afirmar que las alianzas fueron más una fórmula para construir una hegemonía que para edificar consensos entre pares en el juego político. Es decir, para las principales fuerzas, la idea de coalición se asocia a la de hegemonía y de compañeros de ruta contingentes. En el caso del peronismo, supone la existencia de una aceitada ingeniería de cooptación, cuyas habilidades forman parte de un acervo histórico que le permitió "devorar" (es decir, absorber o reducir a su mínima expresión) a partidos situados a su izquierda o a su derecha, como el Conservador Popular en la década de 1970 o la Ucedé en la época dorada del menemismo. En el caso de la UCR, el "panradicalismo" o las alianzas con otros partidos no implicaron necesariamente la desintegración de sus aliados. Late, sin embargo, la idea de un "contrato moral" que se presenta como un acuerdo entre "iguales honestos", más que un compromiso entre diferentes. Lo que subyace de común en ambas miradas es una representación de las alianzas de gobierno más cercana a la idea de "gobierno de unidad nacional" que al principio del poder compartido.