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En torno de Hugo Wast

Al analizar sus obras “El Kahal” y “Oro”, es bueno destacar que no son compendios de historia ni tratados de filosofía.

14 de enero de 2011 a las 12:01 a. m.
Gustavo Zenón Sonzini Astudillo*
En torno de Hugo Wast

Cuando opiné en este diario sobre la propuesta de cambiar el nombre de la calle Hugo Wast, en el Cerro de las Rosas de la ciudad de Córdoba, lo hice con respeto, sin representar a ninguna institución y sin ánimo de polemizar. Mi intervención nació desde los afectos y tratando de detener una "bola de nieve" que mancillaba la memoria de mi abuelo tal cual lo recuerdo y venero. Lo defendí con conocimiento de causa y en oposición a algunos sectores que lo difaman y calumnian sin pruebas. Vuelvo sobre la cuestión, porque el 26 de diciembre se publicó una nota firmada por un doctorando de Historia, la que se titula "Yo sí sé quién fue Hugo Wast y me importa". A simple vista, parece trasuntar recelos hacia determinadas convicciones religiosas, lo cual sí significaría discriminación. Sólo pretendo tratar de aclarar cuestiones que confunden, empañando el verdadero perfil de Hugo Wast. Es insólito pretender relacionar a Gustavo Martínez Zuviría (GMZ) con sectores reaccionarios de la Iglesia Católica. Pero debería precisarse el alcance de esta expresión descalificante. Él fue un ferviente cristiano, fiel a sus convicciones y al Santo Padre. El Papa Pío XI lo condecoró en 1935, designándolo comendador pontificio de la Orden de San Gregorio Magno, máxima distinción otorgada a laicos. Hugo Wast es el seudónimo de un novelista y la primera vez sólo me concentré en responder en lo que respecta a su faceta literaria. A su actuación como hombre público la enfrentó con su verdadero nombre. Cuando fue ministro de Justicia e Instrucción Pública de la Nación –no de Cultura, como erróneamente se señaló–, instauró la enseñanza de la religión católica –no obligatoria, sino optativa– en todas las escuelas. Esta cuestión, nuevamente instalada por nuestro Gobierno provincial en la recientemente ley 8.113, debe ser tratada con respeto en un país democrático. Sin ánimo de ofender afirmo que es irrisorio e impropio que GMZ interviniera directa ni indirectamente en el modo de "faenar animales" y es la primera vez que escucho que alguien afirma semejante cosa. Mi "contrincante" epistolar también insinúa que, durante su mandato, GMZ se encargó de abolir publicaciones en idish; dichas aseveraciones rayanas en la calumnia y todas las otras mencionadas, dada su magnitud ya que ofenden al pueblo hebreo, deben ser acompañadas con pruebas. Cuando se analiza el contenido de sus obras El Kahal y Oro , en las que no se encuentra palabra injuriosa alguna, debe destacarse que no son un compendio de historia ni de filosofía. Estamos hablando de dos novelas y con este mismo criterio podrían ser juzgadas otras obras en las cuales los autores no suscriben posiciones ideológicas sino que describen personajes con determinados rasgos. Cuando se afirma en dicha misiva que por tal o cual motivo la Alemania nazi no publicó sus obras, me está dando la razón. Respecto de la nota que Wast escribiera en el diario Los Principios el 7 de septiembre de 1935, se la tergiversa al transcribir párrafos fuera de contexto. Hay que leerla completa para entender que a nadie ataca; sólo se defiende.Yo sé muy bien quién era mi abuelo. Y también me importa. Fue un hombre extraordinario, simple y bueno, padre generoso, esposo fiel y abuelo cariñoso de 55 nietos, que jamás buscó la gloria. Es más respetado en el resto del mundo que en su propio país, que le debe tanto. La Enciclopedia Británica lo define hoy mismo como el novelista y cuentista argentino más difundido en el mundo. Jamás pidió nada para sí: sólo dejó como única petición un póstumo deseo: que en su lápida, sin nombre, se tallara como todo recordatorio y testimonio un epitafio en latín – adsum – que en castellano significa "Aquí estoy".

*Arquitecto, nieto de Gustavo Martínez Zuviría (Hugo Wast).