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En la plaza pública

Es difícil para un escritor aceptar que nadie lo reconozca por su obra.

19 de septiembre de 2016 a las 12:01 a. m.
Arnaldo Pérez Wat*
En la plaza pública

Hay tres dificultades en la profesión de un escritor: escribir algo potable, encontrar un editor responsable y hallar un lector sensible. Conseguido esto, se cae en la cuenta de que un escritor es admirado no tanto por aquellos que lo leen, sino por lo que escuchan que se dice de él. Tales vicisitudes rondan en el espíritu que se aboca a planificar una feria de libros. En la mente del que escribe un libro, ronda la sensación de que es muy triste haber desarrollado en uno facultades para exponer lo universal humano y no hallar a nadie que lo reconozca, aunque tenga la seguridad de que más tarde, o cuando haya muerto, existirán seres que desearán estudiar y comprender la obra.Siempre existen esas probabilidades de no trascender en vida. Pero mientras quede un escritor, mientras haya necesidad de decir algo en contra de las ideas estrechas del momento, habrá también un mensaje en pugna contra el gusto estereotipado.Con el periodismo, es a la inversa: en épocas de catástrofes, guerras o epidemias, la noticia está a la mano. Resulta más fácil conmover al lector. En las columnas, se nota si el informante lo hace para destacarse o si, con rectitud, va objetivando expresiones para tranquilizar a la masa lectora que ya de por sí está herida en su interior.Platón sostiene que los libros son como efigies: si se les pregunta, no contestan. Es que no gozaban los textos de buen predicamento para el filósofo. Eran algo así como decires deshonestos, porque el libro no puede contestar la objeción como ocurre en una mesa redonda. Por ello prefirió el diálogo; aunque escribió una veintena de volúmenes.Admitida esta opinión, puede colegirse que una virtud que presentan las ferias de libros es que organizan paralelamente simposios, conferencias y presentaciones. Allí, determinados autores locales tienen la oportunidad de responder objeciones y hasta ampliar sus puntos de vista.Las bibliotecas son locales silenciosos de libros, mientras que tales ferias son locales ruidosos. Pero en estos últimos se asesora sobre el contenido de determinado texto cuando el visitante lo requiere. Ahora bien, si el vendedor explica un texto a cierto hombre de la ciudad, puede despedirlo amablemente con las palabras de aquel gran escritor que dijo: "Si los libros no son tus amigos, al menos serán tus conocidos". * Periodista