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"En este país, nadie quiere trabajar"

Es posible que una de las frases más viejas y remanidas que se hayan repetido en este país, en general por parte de los que no soportaban que los trabajadores plantearan exigencias mínimamente existenciales, sea: “En este país, nadie quiere trabajar”. Alejandro Mareco.

04 de septiembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
"En este país, nadie quiere trabajar"

A  ver: si se tiene la suerte de recorrer el país y, además, no sólo para contar sus piedras, horizontes y playas, sino también con la misión de poner los ojos en los ojos de la gente, a uno jamás se le borrarán las marcas de la mirada, el oído y el sabor después de disfrutarse vivos. Luego, se desentienden y le echan todo el fardo al corazón: arréglatelas con lo que se siente. Y uno, con la timidez de una certeza que quiere crecer y ser brava, dice que este país es uno, uno entendido como una rara alquimia de unidad, aunque sea de tantos y tantos; pero si no se comprende esa increíble diversidad (paisaje, culturas, herencias inmigrantes, clases sociales, maneras de cantar, de soñar, hasta de explotar al vecino e incluso de rebelarse), uno tampoco pude decir que este es su país.Y lo que uno ha visto es trabajo: un pibe salteño que ya tiene 18 años pero que desde hace seis viaja a La Rioja a cosechar olivos; un custodio experto de frutales que bajó desde Mendoza a Cipolletti (Río Negro); una abuela que, con la simpleza de su destino, cruza las cabras por la ruta en la Puna; una piba de 26 años que en la city porteña se juega la fortuna de otros pero que le va la vida en ello.Este país, como cualquier otro, está hecho de trabajo. Nuestro Roque Narvaja, cuando hablaba de los "parados" (desocupados) españoles, coreaba: "Nací para trabajar, nací para trabajar, y no hay trabajo".Es posible que una de las frases más viejas y remanidas que se hayan repetido en este país, en general por parte de los que no soportaban que los trabajadores platearan exigencias mínimamente existenciales, sea: "En este país, nadie quiere trabajar"Antes lo decían por las huelgas que reclamaban derechos esenciales que hoy son parte de la vida como tomar agua. Ahora, la frase se renueva porque el Gobierno nacional da subsidios, sobre todo planteados a través de la asignación universal por hijo.La frase, de vieja raíz oligárquica que han ido heredando lentamente las clases medias, vuelve a posicionarse, para algunos, como el reflejo de un pueblo "chanta" y vicioso que no piensa sino en su conveniencia de vivir sin trabajar. Hasta un ex candidato a gobernador ha explicado su derrota con esta frase (cosas veredes, Sancho; es muy probable que si no entendés al pueblo, el pueblo no te entienda; peor aún es buscar votos sin convicción, sólo por sumar).Es curioso cómo una persona de clase media se queja de que ya no encuentra sirvientas. "Cuánto ganaban contigo", se les pregunta. "No sé, quizá 500 pesos". Entonces, una mujer con tres hijos puede ganar más que eso a través de la asignación universal. Además, a la sociedad le conviene: puede ayudar a que sus hijos estudien y hasta observar lo que hacen en sus horas libres. Así que, querida clase media, un gran aporte a la patria sería planchar las camisas, nada más (es poco en comparación con los que ponen otros, los sumergidos).La asignación universal es una oportunidad para miles de pibes. Aunque para la versión neoliberal del país, es mejor que inútiles ejecutivos de AFJP ganen millones anuales sólo por malversar los dineros de los argentinos. El neoliberalismo sólo busca la prosperidad de los ejecutivos; esto es: saquémosle al pueblo mientras el pueblo no está. Pero el pueblo está. Es la única manera de hacer historia.