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Emisión descontrolada, recesión anticipada

Al otorgar el Gobierno el dinero a su antojo –y no como ocurre en el mercado, por medio de un proceso de oferta y ­demanda–, los recursos suelen ser mal asignados.

07 de noviembre de 2014 a las 12:01 a. m.
Maximiliano Bauk*
Emisión descontrolada, recesión anticipada

Sin duda alguna, la emisión monetaria es el recurso por excelencia del Gobierno nacional. De otra ­manera, en un país en plena recesión y con altos índices de de­sempleo, sería imposible darse con los gustos más impensables, como sostener Fútbol para Todos y Aerolíneas Argen­tinas. En el primer caso, las ­pérdidas diarias rondan los cuatro millones de pesos; en el se­gundo, ya tiene un acumulado que supera los 18 mil millones de pesos. Por supuesto que dichos pomposos servicios son pa­gados por "todos y todas", pero ¿cómo? ¿Qué ocurre con la emisión monetaria? ¿Cómo ese dinero que sale de una maquinita en cantidades astronómicas llega a las personas y cómo esto nos afecta? En primer lugar, hay que aclarar que el dinero emitido no se distribuye de manera proporcional entre todos los ciudadanos. De ser así, no existiría problema alguno. Por ejemplo: si se duplicara la cantidad de dinero de toda la economía, pero este fuera distribuido de manera tal que aquel que ganaba cinco mil pesos ganara ahora 10 mil, el que ganaba 10 mil ahora ganara 20 mil y así sucesivamente, lo único que ocurriría es que ahora todos los precios pasarían a ser exactamente el doble. Nuestro poder adquisitivo quedaría inmóvil pues, como vimos, lo mismo ocurrió con nuestro salario. ¿Cóm o funciona, entonces?

Discrecionalidad

Evidentemente, luego de una fuerte emisión no veremos a los funcionarios del Banco Central repartiendo montones de dinero de puerta en puerta para que este llegue a la gente, sino que, de manera discrecional, el Gobierno nacional entrega dinero a determinados grupos de personas mediante préstamos baratos –que de otra manera no existirían– o de subsidios.

Así, supongamos que el Gobierno le entrega, mediante un crédito muy barato, dinero al sector productor de patinetas y a la industria del cine. El dinero llega primero a unos pocos, quienes son así totalmente favorecidos, ya que de repente se encuentran con más dinero que el resto y los precios aún no han aumentado, aunque no por mucho tiempo.

Al haber más dinero en circulación para la misma cantidad de bienes y servicios, este baja su poder adquisitivo de manera paulatina, por lo cual aquellos que aún no recibieron parte de esta primera inyección de dinero se empobrecen a costa de los primeros beneficiarios.

Para comprender cómo es que el dinero pierde poder adquisitivo, imaginemos una partida de póquer con amigos. Son seis personas en total y cada una de ellas compra 10 pesos en fichas, con un valor establecido para cada una de ellas de un peso; es decir que hay 60 fichas y un pozo de 60 pesos.

Al final del juego, queda el ganador con el total de las 60 fichas. Al valer cada una de ellas un peso, se lleva 60 pesos. Pero ahora supongamos que durante la partida un participante le sumó secretamente a su conjunto de fichas otras 10 que había traído de su casa, es decir que la cantidad de fichas en juego es ahora de 70, aunque el pozo sigue siendo de 60 pesos. ¿Qué va a ocurrir?

Llegado el momento en que haya un ganador que posea las 70 fichas que había en la mesa, intentará canjear cada una de ellas por el valor preestablecido de un peso por ficha. En ese momento se dará cuenta de que el dinero del pozo no es suficiente para cubrir la cantidad de fichas, es decir que el valor de cada ficha baja.

Esto ocurre con el dinero de un país si existe una sobreproducción de dinero pero la cantidad de bienes y servicios es la misma. El dinero pasa a valer cada vez menos y se necesita cada vez más cantidad para conseguir el mismo bien.

Camino a la recesión

Volvamos al ejemplo de la inyección monetaria recibida por el sector de las patinetas y de la industria cinematográfica. Estos comienzan a contratar a más personas para llevar a cabo la inversión de ese nuevo dinero y expandir así sus negocios, por lo cual podemos notar que en el comienzo de la época de expansión monetaria el desempleo caerá, ya que con ese dinero los sectores que lo recibieron contratarán trabajadores, cuando antes no tenían capacidad para hacerlo.

Ahora, estos nuevos empleados cuentan con parte de ese nuevo dinero y son favorecidos, aunque en una menor proporción que los primeros, pero también podrán comprar a precios antiguos, aunque no tan bajos como lo eran antes. Se suman más personas al grupo de los aventajados, a costa del empobrecimiento de los demás que aún no ingresaron a la “fiesta”.

Los sectores beneficiados atrajeron muchos recursos humanos hacia sus producciones gracias al poder otorgado por el dinero en forma de billetes. Pero, luego de un tiempo, el mando pasa a los consumidores, quienes muy probablemente no demanden los productos brindados por los sectores favorecidos.

Al otorgar el Gobierno el dinero a su antojo –y no como ocurre en el mercado, por medio de un proceso de oferta y demanda–, los re­cur­sos suelen ser mal asig­nados, lo cual quedará de manifiesto cuando la gente no esté interesada en andar en patineta ni e n ir al cine todos los días.

Así, los recursos humanos que fueron demandados en un comienzo y que ahora se encuentran trabajando allí, quedarán obsoletos y serán insostenibles. Es entonces cuando comienza la etapa más dolorosa de este proceso: la recesión.

Para entender cómo, mediante la creación irracional de dinero, las cosas se vuelven ilógicas y contraproducentes quiero dejar un ejemplo final, dado por Juan Carlos Cachanosky en uno de sus ensayos, para simplificar lo explicado.

En un sistema de trueque, si Pedro cavara un hoyo y lo tapara para luego intentar cambiarlo por un kilo de carne, no tendría mucho éxito, ya que en realidad no ofrece nada a cambio. Pero luego aparece un tercero, el Gobierno, y decide darle a Pedro, por haber cavado y tapado el hoyo, 50 pesos que acaba de imprimir, precio que, supongamos, cuesta el kilo de carne. El muchacho ahora sí podrá obtener ese producto a cambio de nada, y lo hace, como quedó explícito, a costa del resto de los ciudadanos, que verán disminuir el valor real de su patrimonio.

A lo largo de la historia, muchos gobiernos intentaron ir por el mayor poder posible. Y en países de débiles instituciones, como es el nuestro, logran hacer lo impensado, contradecir a la lógica misma, pero siempre la historia termina igual: los que pagan son los ciudadanos.

*Investigador del área de Estudios Económicos en Centro de Estudios Libre