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Emancipación digital

Una nueva y legítima iniciativa política a partir de las redes sociales consiste en una soberanía popular digital, una verdadera eureka ciudadana. 

12 de febrero de 2014 a las 02:06 p. m.
Roberto Fermín Bertossi*
Emancipación digital

A nte la ineficiencia por incapacidad, corrupción y decrepitud de tantos funcionarios e intermediarios políticos adictos al poder, los lujos y el dinero, ante tantos de sus ajustes, desajustes y desbarajustes, entonces ya se deberían diseñar nuevos esquemas que restauren la soberanía popular propia de la ciudadanía.A propósito, son pertinentes las palabras del sociólogo chileno Luis Razeto, cuando esclarece sobre algunas alternativas.Una de ellas consiste en conformarse y adaptarse a la mediocre calidad de vida que nos ofrecen las estructuras económicas, políticas y educacionales dadas, para continuar viviendo apegados a los modos de pensar, de sentir, de relacionarse y de actuar que imponen los poderes establecidos. Es una opción propia de personas débiles, temerosas o cooptadas, dispuestas a sacrificar su dignidad en función de un bienestar limitado y mezquino.Otra alternativa consiste en indignarse, protestar, oponerse y criticar las condiciones existentes, esperando que sean los mismos que controlan el poder –y son responsables del actual estado de cosas– los que cambien y mejoren nuestros modos de vida.Pero de todas las conocidas, la mejor opción de Razeto es aquella que integra la dignidad y la búsqueda civil activa e innovadora del bienestar, como la de todos quienes intentan conquistar crecientes grados de autonomía personal y desplegar su creatividad en la elaboración de nuevas y mejores formas de vivir, experimentando por propia cuenta y compartiendo –junto a otros que hacen la misma opción– iniciativas democráticas, económicas, políticas, educacionales, ecológicas y culturales de nuevos tipos, que nos lleven hacia nuevos modos vitales más libres, más justos y más plenamente satisfechos.Al respecto, hoy, una nueva y legítima iniciativa política a partir de las redes sociales consiste en una soberanía popular digital, una verdadera eureka ciudadana, como podemos observar -entre otras- en la movilización de estudiantes chilenos, en los reclamos brasileños por el transporte público, por el Mundial de Fútbol, etcétera. O, entre nosotros, los cacerolazos, los grupos de vecinos o el reciente "apagón de consumo", que de manera gradual y paulatina vayan implementando su organización, liderazgo e institucionalización para redondear su eficacia.Se trata de una presencia y resistencia digital que no sólo pueden fijar límites y recuperar o lograr conquistas sociales, sino también satisfacer las más justas expectativas ciudadanas.Acaso nos ha llegado la hora de asimilar y expandir culturas digitales que reanimen y faciliten una participación y satisfacción ciudadana organizadas, ante el hartazgo de voces, palabras y figuras políticas que ya se han insinuado para 2015, pero que exponen de manera inadvertida su fractura esencial, su origen sospechado y el ocaso de "su casta". La misma que, por ejemplo, redobló su cinismo vetando todos los modestos financiamientos legales para nuestros bomberos voluntarios.Recuperaremos la salud de las instituciones, romperemos cadenas y hasta podremos jurarnos con gloria vivir (al menos, dignamente) cuando la sociedad civil recobre más fuerza e influencia directa para fijar o reordenar prioridades en la agenda pública ante tanto despilfarro de oportunidades, ante tantos ciudadanos activos y pasivos marginados, defraudados e insatisfechos, ante tanto malestar social por maltrato institucional.Estas presencias cívicas digitales no son antidemocráticas, sino apenas un despertar de sociedades civiles democráticas avasalladas por ausencia de ética política, de equidad y sobreabundancia de corrupción, de cepos y laberintos burocráticos. Sociedades civiles determinadas a ejercer sus derechos, civilizando la política y la economía y demostrando que les basta "un tizón digital" para exhibir la contundencia de su soberanía popular.

*Investigador del Centro de Investigaciones Jurídicas y Sociales (UNC)