La elegancia del erizo
A Muriel Barbery (nacida en Casablanca, 1969) pueden perdonársele las triquiñuelas que utiliza para hacer verosímil una increíble historia.Ángel Stival.
A Muriel Barbery (nacida en Casablanca, 1969) pueden perdonársele las triquiñuelas que utiliza para hacer verosímil su increíble historia de la portera que lee a Husserl, la niña de 12 años más sabia que Sócrates, Platón y Aristóteles juntos y el millonario japonés sensible. Por ejemplo, cuando la trama parece deslizarse sin remedio hacia un final feliz, meloso y romanticón, la providencial camioneta de una tintorería atropella a la portera que cruza sin mirar una calle de París y la mata.Todo lo salva Muriel, en La elegancia del erizo , con frases que, en pleno desarrollo del argumento, dejan pensativo y desconcertado al lector frente a reflexiones que podrían ser la luz en la oscuridad de sus históricas dudas. "Para comprender a Marx y comprender por qué está equivocado –dice la portera– hay que leer La ideología alemana ". Es la base antropológica a partir de la cual se construirán todas las exhortaciones a un mundo nuevo y sobre la que reposa una certeza esencial: los hombres, a quienes pierde el deseo, harían bien en limitarse a sus necesidades. En un mundo en el que se amordace la hibris del deseo, podrá nacer una organización social nueva, despojada de luchas, opresiones y jerarquías deletéreas. Quien siembra deseo, recoge opresión".Y después de liquidar con incisivos trazos el pensamiento de Edmund Husserl, afirma: "He aquí pues lo que es la fenomenología: un monólogo solitario y sin fin de la conciencia consigo misma, un autismo puro y duro que ningún gato (o cualquier objeto) real y verdadero importuna jamás".La adolescente genial también se las trae. De vez en cuando suelta una frase como ésta: "Y camino de mi casa, me he dicho: desdichados los pobres de espíritu que no conocen ni el trance ni la belleza de la lengua".El problema de conducta de la niña es que vive escondiéndose de sus mayores. La portera también esconde con sigilo su condición intelectual, su interior suave y sensible con una apariencia exterior de espinoso erizo: 58 años, viuda, bajita, fea, rechoncha, con callos en los pies y un aliento que voltea.Muchos de nuestros representantes o aspirantes a ello se empeñan en un proceso inverso: disimulan su mal aliento, sus dientes voraces, su apariencia de hienas, bajo abundantes pieles de cordero hechas de sonrisas disparadas a los cuatro puntos cardinales sin motivo alguno, besos a niños espantados y fotos con los pobres que ahora encuentran sin mucho esfuerzo en su camino.

